Una herramienta puede hacer al gobierno más eficiente y, al mismo tiempo, hacer que la ciudadanía sienta que perdió el control.
La promesa habitual de la inteligencia artificial pública combina rapidez, ahorro y mejores servicios. Cuando esas ventajas aparecen, la confianza puede aumentar. El problema es que el éxito inicial también puede ocultar costos institucionales: dependencia tecnológica, decisiones difíciles de comprender y rutas de impugnación que existen sólo en el reglamento.
Alexander Wuttke, Adrian Rauchfleisch y Andreas Jungherr llaman a esta tensión una posible “falla por éxito”. Las ganancias visibles facilitan la expansión del sistema mientras la pérdida de control se acumula lentamente. Cuando la institución descubre la dependencia, revertir la delegación puede resultar política, técnica y financieramente costoso.
Un experimento sobre delegación y control
El artículo aplica teoría principal-agente a la adopción gubernamental de IA. Sus autores realizaron un experimento factorial prerregistrado con 1,201 participantes del Reino Unido. Presentaron escenarios en tres ámbitos —impuestos, bienestar y seguridad pública— y manipularon información sobre eficiencia y tres riesgos de delegación.
- Comprensibilidad: si las decisiones del sistema pueden ser entendidas y evaluadas.
- Dependencia o reversibilidad: si el gobierno puede volver a procesos humanos.
- Impugnación: si una persona puede cuestionar eficazmente la decisión.

Confianza y control no son la misma cosa
El resultado empírico es relevante para la gestión pública: informar sobre mejoras de eficiencia eleva inicialmente la confianza, pero reduce simultáneamente la percepción de control. Cuando los riesgos estructurales se hacen visibles, caen tanto la confianza como el control percibido. Una ciudadanía satisfecha con la velocidad no necesariamente conserva poder frente a la decisión.
Por eso no basta con medir satisfacción del usuario. Una evaluación democrática debería separar rapidez, confianza, comprensión, posibilidad de corrección, reversibilidad e impugnación. Un servicio puede recibir buenas calificaciones y mantener a la persona atrapada frente a una respuesta que nadie puede explicar ni cambiar.
Cómo investigarlo en México
El diseño podría replicarse en predial, programas sociales, sanciones administrativas, licencias o seguridad municipal. Además de viñetas experimentales, convendría estudiar experiencias reales: cuánto tarda una apelación, si suspende el efecto de la decisión, qué información recibe la persona y si la administración conserva la capacidad de volver a un procedimiento no automatizado.
Mi inferencia es que las desigualdades digitales mexicanas podrían profundizar la pérdida de control para quienes tienen menor acceso, alfabetización administrativa o tiempo disponible. Sin embargo, el artículo trabaja con escenarios hipotéticos y una muestra británica; no ofrece evidencia directa sobre México ni sobre conducta frente a servicios reales.
El criterio práctico es simple: antes de anunciar una mejora de eficiencia, la dependencia debería poder demostrar que la delegación es comprensible, reversible e impugnable. Sin esas condiciones, la innovación puede modernizar la ventanilla y conservar intacta la subordinación.
Lee también mi análisis sobre control ciudadano y democracia algorítmica municipal.
Referencia
Wuttke, A., Rauchfleisch, A. y Jungherr, A. (2026). Artificial intelligence in government: why people feel they lose control. Journal of European Public Policy. https://doi.org/10.1080/13501763.2026.2696304
Sobre el autor
Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor-investigador de la Facultad de Administración de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y consultor. Cuenta con dos décadas de experiencia en educación superior. Trabaja en administración pública, gobernanza, metodología de la investigación y pensamiento crítico, con especial interés en el uso de datos e inteligencia artificial para mejorar decisiones sin sustituir el juicio democrático.
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