En administración pública sabemos cada vez más sobre quién colabora con quién, qué organizaciones ocupan posiciones centrales y cómo circula la información. Pero describir una red no basta para responder la pregunta que suele importar a quienes gestionan servicios: ¿qué acción mejora su funcionamiento?
Del mapa relacional a la explicación
Un artículo de Public Administration Review advierte que los estudios de redes en el sector público se han concentrado en describir estructuras y procesos, mientras que la inferencia causal sigue menos desarrollada. Los autores organizan cinco familias de diseños: estudios observacionales, simulaciones, experimentos naturales, experimentos de campo y experimentos de laboratorio. La propuesta adapta herramientas existentes a las características de redes públicas; no presenta una técnica universal ni demuestra que una intervención específica funcione. (Whetsell y Siciliano, 2025).
La dificultad central es que los vínculos no suelen formarse al azar. Las organizaciones más capaces quizá colaboran más y también obtienen mejores resultados. Si observamos que las redes densas se asocian con mejor desempeño, no sabemos si la densidad produjo el desempeño, si las instituciones eficaces pudieron construir más vínculos o si una tercera condición explica ambas cosas.
Los efectos pueden viajar por la red
En una evaluación convencional suele suponerse que el tratamiento de una unidad no modifica los resultados de las demás. En redes, esa condición puede fallar: una oficina capacitada puede compartir información, derivar casos o cambiar la carga de trabajo de otras. El efecto puede depender de la posición del actor, del número de vecinos expuestos o de la forma en que se distribuye la intervención.
Por eso, antes de estimar, hay que definir qué constituye la unidad de tratamiento y qué exposición es relevante. ¿Se interviene a una organización?, ¿a un conjunto conectado?, ¿a los vínculos entre instituciones? También conviene distinguir el efecto directo sobre quien recibe la intervención del efecto indirecto sobre sus socios y del efecto total sobre la red.
Diseños viables en el sector público
Cuando la asignación aleatoria es posible y ética, un experimento de campo puede distribuir capacitación o asistencia técnica entre redes comparables. Si no lo es, un cambio de reglas o una expansión por etapas puede crear un experimento natural, siempre que exista una comparación defendible. Las simulaciones ayudan a estudiar mecanismos y escenarios, pero sus resultados dependen de los supuestos incorporados al modelo y no equivalen a evidencia empírica de impacto.
En investigación municipal, una práctica concreta consiste en mapear la red antes de elegir el método: actores, relaciones, periodos, flujos y posibles derrames. Luego se registra cómo se midió la colaboración y qué explicación alternativa podría producir el mismo patrón.
Lo que conviene enseñar
El estudiantado puede comparar dos preguntas: “¿cómo está organizada la red?” y “¿qué cambia si modificamos una regla o un vínculo?”. La primera es descriptiva; la segunda necesita un diseño causal. A las personas tesistas les conviene explicar por qué una relación observada no basta para atribuir un efecto a la colaboración.
La administración pública no necesita menos análisis de redes. Necesita que el mapa de relaciones se convierta en una investigación capaz de distinguir asociación, mecanismo y efecto de intervención.
Sobre el autor
Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor-investigador de la Facultad de Administración de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Doctor en Administración, trabaja temas de administración pública, gobernanza, metodología de la investigación, políticas públicas, pensamiento crítico e inteligencia artificial.
Conversemos: sigue el análisis en @luisenriquesan en X y en mis redes sociales. Si este tema es útil para tu investigación o institución, escríbeme.
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