Luis Enrique Sánchez Díaz
El arranque: un insulto que manda callar
Hay palabras que matan sin mancharse. “Chairo” es una de ellas. En México, aprendimos que basta decirle así a alguien para que su opinión pierda valor, su queja se vuelva meme, y su historia se reduzca a caricatura. A mí me lo han dicho. También lo he escuchado entre risas en sobremesas con gente que se asume progresista. No es solo una broma: es una forma de poner en su lugar a quien molesta, a quien incomoda, a quien insiste en hablar de pobres, injusticia o privilegios.
Llamar “chairo” a alguien no es describirlo: es desactivarlo. Es decirle: “lo tuyo no es política, es fanatismo barato”. Y así, en lugar de discutir ideas, se cancela al mensajero. ¿Funciona? Claro. Por eso se repite.
De apodo escolar a bala discursiva
La palabra tiene historia. Viene del término chaira, que en el habla popular refiere a la masturbación. Así que ya desde el arranque, el “chairo” es alguien que se excita con ideas que no llevan a nada, que se emociona con discursos inútiles. En los noventa, algunos estudiantes de la UNAM empezaron a usarlo para burlarse de compañeros que vivían clavados en el marxismo o las causas sociales. Pero la cosa se salió de control.
Con el tiempo, la palabra se fue colando en programas de comedia, columnas de opinión, noticieros, y sobre todo: redes sociales. Para 2018, durante la campaña de López Obrador, “chairo” ya era moneda corriente para todo lo que oliera a izquierda. Y como reveló Signa_Lab (2019), su uso se disparaba justo en momentos clave de la discusión política: debates, reformas, escándalos. No por coincidencia, sino porque polariza, distrae y rinde frutos para quienes no quieren que se hable de fondo.
Lo peor es que pega porque nos lo creemos
Aquí vale la pena recordar a Pierre Bourdieu, ese sociólogo francés que decía que la violencia más efectiva es la que ni siquiera se nota. Cuando uno se burla de sí mismo diciendo “sí, soy bien chairo”, hay algo de resignación, de derrota disfrazada de humor. Es como si uno aceptara que tener conciencia social es cursi, que cuestionar al sistema es de gente ingenua, que pedir justicia ya está pasado de moda.
Un estudio de Barrera Márquez y Rodríguez Alfano (2020) mostró que en redes como Facebook y Twitter, los usuarios se organizan en tribus digitales que se insultan con etiquetas: chairos vs derechairos, nacos vs fifís. El insulto genera identidad, sí, pero también encierra. Lo que parecía debate se convierte en una guerra de hashtags que no deja espacio para la reflexión.
El tono clasista del insulto
Decir “chairo” también es una forma de decir: “tú no hablas como yo, no vistes como yo, no estudiaste donde yo”. Es una manera elegante de señalar desde arriba. El insulto lleva dentro una carga de clasismo que, si uno rasca un poco, se nota enseguida.
No lo digo solo yo. Andrea Ortega, en un ensayo sobre lenguaje y desigualdad en Letralia, muestra cómo muchos insultos en México castigan no solo las ideas, sino el acento, la ropa, el barrio. Y “chairo” no es la excepción. El que insulta se siente moderno, racional, “objetivo”. El que recibe el insulto queda pintado como ignorante, atolondrado, lleno de fe ciega.
Cuando el insulto se vuelve rentable
En las redes, el insulto vende. Si quieres que tu tuit explote, ponle “chairo” a algo. Los algoritmos lo premian. Y eso no es casualidad. Un informe de Signa_Lab sobre la reforma energética (2020) demostró que durante los días clave del debate, palabras como “chairo”, “pejezombi” o “amlovers” eran empujadas artificialmente por cuentas automatizadas, muchas vinculadas con intereses económicos concretos.
El insulto no es solo espontáneo; es una estrategia. Y como toda estrategia, busca objetivos: silenciar, dividir, volver ridículo al que no piensa igual.
Odiar al “chairo” es odiar la parte incómoda de uno mismo
Slavoj Žižek, ese filósofo que siempre parece gritar, dice que a veces odiamos en los otros lo que más miedo nos da ver en nosotros. Y algo así pasa con el odio al “chairo”. El insulto no le duele tanto al otro como lo que representa: la culpa por el privilegio, la incomodidad de vivir bien mientras otros no tienen ni para empezar el día.
El clasemediero que usa “chairo” como insulto está peleando consigo mismo. Intenta exorcizar su pasado pobre, su primo morenito, su incomodidad con los taxistas que apoyan a AMLO. El insulto le ayuda a sentirse más cerca de los de arriba, aunque viva con deudas, trabajando doce horas al día.
¿Qué hacemos con esta palabra?
Podríamos ignorarla, pero no basta. Porque el problema no es solo la palabra: es el sistema de pensamiento que la produce. Así que aquí van tres ideas:
- Cuestiónala. Cada vez que escuches “chairo”, pregunta qué quiere decir exactamente. Verás cómo se desarma solita.
- Dale vuelta. Que no te dé pena que te llamen así si estás defendiendo algo justo. Resignifícalo.
- Cambia el algoritmo. No entres al juego de los insultos. Argumenta. Discute. Pero no permitas que tres sílabas reemplacen un debate.
Insultar no es debatir
México necesita más discusiones y menos etiquetas. Necesitamos hablar de sueldos, de corrupción, de salud, de futuro. Pero si seguimos convirtiendo todo en insulto, vamos a acabar con una democracia que solo sabe gritarse en mayúsculas.
No digo que no se critique. Digo que criticar no es lo mismo que burlarse. Y que los que creen que el insulto es libertad de expresión, en realidad están defendiendo su derecho a no pensar.
Así que la próxima vez que alguien diga “chairo”, lo invito a que se explique. Y si no puede, entonces que se calle. Porque ya basta de trending topics que matan la política y alimentan el odio.
Aceca del autor:
Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor universitario, investigador y columnista. Ha estudiado de cerca la intersección entre política, lenguaje y desigualdad en México, siempre con una mirada crítica y con el oído atento a lo que se dice en la calle, en la academia y en las redes. Escribe con la convicción de que las palabras no solo describen el mundo, también lo organizan, lo justifican… o lo incendian. No cree en las neutralidades falsas ni en los insultos que se disfrazan de chiste.
📩 ¿Te han llamado “chairo” y no supiste si era burla o censura? ¿Quieres escribir con más conciencia crítica? Contáctame para charlas, talleres o colaboraciones: luisenriquesan.blog/contacto o luiggi.sanchez@gmail.com
Referencias
- Barrera Márquez, M. F., & Rodríguez Alfano, L. (2020). La expresión de la violencia instrumental y simbólica en Facebook y Twitter. Textos en Proceso, 6(1), 160–171.
- Infobae (2022). Qué significa la palabra “chairo”. https://www.infobae.com
- Ortega, A. (2023). El barrio te respalda: el clasismo en la lengua en México. Letralia.
- Signa_Lab ITESO (2019). Red AMLOVE: análisis de tendencias y topologías. https://signalab.iteso.mx
- Signa_Lab ITESO (2020). Cartografías del odio: Redes de desinformación en México.