🧠 ¿Y si ya no fuéramos los únicos que investigamos en la universidad?


La inteligencia artificial no está por venir: ya escribe, clasifica y propone hipótesis en nuestras investigaciones. ¿Qué significa esto para la educación superior, la metodología crítica y el futuro de instituciones como la BUAP?


📌 Columna de Opinión | Luis Enrique Sánchez Díaz

Todavía hay quienes creen que la inteligencia artificial es una moda. En la BUAP, por ejemplo, veo a colegas hablar de ChatGPT como si fuera una app para alumnos flojos. Como si fuera una extensión del copy-paste, o el primo fifí del resumen de Wikipedia. Pero la realidad —incómoda, acelerada, innegable— es otra: la IA ya está haciendo trabajo académico, y no siempre mal.

Lo digo sin ironía: hay textos circulando por aquí que están más pulidos que muchas tesis de licenciatura, y fueron gestados con la ayuda de un modelo. A veces, sin que sus autores lo reconozcan. O peor, sin que los sinodales lo noten.

Lo veo en clase, en asesorías, en entregas de protocolos. Veo párrafos que suponen sin argumentar, que enlazan autores de siglos distintos como si se conocieran por Zoom. Y cuando preguntas de dónde salió tal argumento, la respuesta es cada vez más común: “me ayudó el GPT”.

Antes me enojaba. Ahora me preocupa más profundamente.


¿Qué está pasando en nuestras universidades?

Lo que está pasando no es solo un cambio de herramientas. Es un desplazamiento epistemológico, una mutación silenciosa de lo que entendemos por “investigar”. Y no estamos preparados.

Porque en la formación metodológica seguimos repitiendo esquemas rígidos: problema-objetivo-hipótesis. Como si la investigación fuera una receta y no una forma de mirar críticamente el mundo. Y ahora resulta que hay una IA que no solo sigue esas recetas: las automatiza mejor que nosotros.

Y lo hace con una eficiencia que da miedo. Propone hipótesis, corrige redacción, estructura capítulos. Simula debates, resume lecturas, incluso propone bibliografía con formato APA. A veces me siento como ese viejo profesor de lógica que se burlaba de las calculadoras… hasta que lo reemplazaron con Excel.


La BUAP y el falso confort de la mediocridad

En nuestra universidad (como en muchas otras), nos hemos acostumbrado a vivir en una especie de zona de confort metodológica. Diseñamos cursos como si todo siguiera igual, como si no hubiera una revolución en marcha. Y mientras tanto, los estudiantes —y algunos docentes, no pocos— ya están coescribiendo con la IA. No lo dicen, pero lo hacen.

La paradoja es brutal: enseñamos con esquemas del siglo XX a estudiantes que ya investigan con tecnologías del XXI.

Y eso, lejos de indignarme, me invita a repensarlo todo. ¿Qué significa hoy una tesis original? ¿Cómo evaluamos la capacidad crítica en un entorno donde lo “correcto” lo puede escribir una máquina? ¿Cómo enseñamos a distinguir una ocurrencia bien redactada de una idea genuina?


La IA como espejo de nuestras carencias

Porque seamos sinceros: si la IA puede hacer la mitad del trabajo que exigimos en una tesis, el problema no es la IA, sino la pobreza intelectual de nuestras exigencias.

La IA nos está mostrando, sin querer, que muchos de nuestros ejercicios académicos se han vuelto rituales vacíos. Protocolos para cumplir, marcos para citar, hipótesis para simular que pensamos. ¿Y qué pasa cuando alguien —o algo— los hace por nosotros? Pues pasa que quedamos exhibidos.

Pero también pasa algo más interesante: la posibilidad de reinventar la investigación. De usar la IA no como atajo, sino como provocación.


¿Hacia una metodología crítica aumentada?

Yo no quiero que mis estudiantes dejen de escribir. Quiero que escriban mejor, que piensen más. Pero si usar la IA les permite ver nuevas conexiones, detectar sesgos, mapear discursos, incluso jugar a confrontar a Arendt con Gramsci, entonces… bienvenidos sean los algoritmos.

Lo que me aterra no es que usen IA, sino que no sepan qué están haciendo. Que se vuelvan usuarios obedientes de una herramienta que parece “inteligente” pero solo reproduce los sesgos de sus datos. Y si no enseñamos a cuestionar eso, entonces sí habremos perdido algo más que el control: habremos perdido el sentido de investigar.


Cierre sin moraleja

No tengo una receta ni una guía paso a paso. Tengo preguntas. Dudas. Y la certeza de que no podemos seguir enseñando metodología como si la IA no existiera.

Necesitamos reeducarnos. Repensar qué significa “pensar por cuenta propia”. Y defender el pensamiento crítico en tiempos de eficiencia artificial. No para resistir como nostálgicos, sino para mutar con inteligencia y con principios.

Y si este texto te pareció claro, articulado y bien escrito… tal vez fue porque lo empecé con ayuda de la IA. Pero lo terminé yo, con mis dudas, mis contradicciones, mis lecturas cruzadas y mi terquedad de siempre. Eso que, por ahora, sigue siendo lo más humano que tenemos.


🧑‍🏫 Sobre el autor:

Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor-investigador en la BUAP, especialista en metodología de la investigación, análisis político y comunicación crítica. Ha publicado en revistas académicas, dirige tesis y lucha contra la burocracia universitaria con la misma pasión con la que defiende el pensamiento autónomo. Cree que la inteligencia artificial no debe reemplazar el pensamiento humano, pero sí obligarnos a afilarlo.
🔗 luisenriquesan.blog


¿Quieres transformar tu forma de investigar, sin perder tu voz crítica en el proceso?
📬 Escríbeme y trabajamos juntos: [formulario].


Deja un comentario

Descubre más desde Doctor Luis Enrique Sánchez Diaz

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo