Los encuestadores tradicionales despreciaron y desdeñaron el poder de la medición de la opinión pública a través de redes sociales. Como suele suceder, la resistencia al cambio.
Hoy la tecnología es tan cotidiana y la privacidad tan ansiada que responder una encuesta a través de una pantalla es de lo más normal. Con las encuestas de Facebook, el encuestado ya no tiene que atender en la puerta a un desconocido, responder una serie de preguntas y darle datos personales como ingreso o escolaridad; tampoco ve a una persona haciendo anotaciones sobre quién sabe que cosas que pueden preocupar al usuario.