El PRI que se disfrazó de Morena: el verdadero rostro de Alejandro Armenta


El 2 de abril de 2025, Mario Marín, conocido tristemente como «El gober precioso», volvió al penal del Altiplano, regresando así no solo a una celda física, sino al imaginario colectivo de una Puebla que nunca olvidó su oscura presencia. En teoría, esto podría parecer solo justicia tardía contra un exgobernador priista acusado de tortura contra la periodista Lydia Cacho. Pero en Puebla, donde la política se cocina con lealtades personales más que con ideologías, y donde las genealogías del poder importan más que las plataformas partidistas, nada ocurre por accidente.

Ahí está Alejandro Armenta Mier, el actual gobernador, quien ha intentado venderse como un paladín de la Cuarta Transformación. Pero su historial, su estilo y su gabinete dicen otra cosa. Armenta no es un reformador; es el resultado natural del injerto priista en el tronco de Morena. Si algo demuestra su administración es que la metamorfosis del PRI en Morena no fue una transformación política, sino una muda de piel, una cosmética del cinismo. Porque, como ya muchos murmuran entre dientes: la cuarta simulación está en marcha.

Armenta no sólo fue parte del marinismo; fue criado políticamente por él. Fue funcionario de Mario Marín como Secretario de Desarrollo Social y director del DIF. Pero no se detiene ahí: su padrino político directo es Javier López Zavala, una de las figuras más oscuras del marinismo, hoy encarcelado por el feminicidio de su ex pareja. Zavala, a su vez, es el hijo político de Mario Marín. Y en este linaje perverso, Alejandro Armenta es el nieto político del PRI más depredador, el de los pactos en lo oscuro, el de los blindajes institucionales y la hipocresía rampante. Del DIF al poder: la red oscura detrás del gobernador Armenta.

Pero no es solo su historia lo que lo delata. Su gabinete está decorado con figurines reciclados del viejo PRI. José Luis García Parra, conocido como «El Choco», hoy coordinador del gabinete de Armenta, es sobrino del propio Marín. Nada grita «transformación» como un equipo dirigido por el familiar directo del símbolo de la ignominia priista en Puebla. Este mismo García Parra ha sido impulsor de los principales proyectos del gobierno actual, moviéndose con una soltura que solo se permite a los herederos del poder de antaño. Los hijos del ‘Gober Precioso’ siguen mandando.

Las redes de este clan se extienden también a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), institución clave para la legitimación social de cualquier grupo político en el estado. Durante años, el marinismo infiltró la universidad a través de personajes como Enrique Agüera, exrector y operador electoral priista, cuya sombra aún planea sobre la institución. No extraña, entonces, que Armenta intentara –sin una sola prueba– acusar al movimiento de Antorcha Campesina de inmiscuirse en la BUAP. Una vieja táctica: proyectar enemigos para justificar intervenciones. Puro priismo en 4K. Entre el trono de Marín y las ruinas de la BUAP.

Desde una mirada constructivista crítica, lo que importa no son solo los hechos judiciales, sino la construcción social del poder. Alejandro Armenta construye su narrativa sobre el supuesto blindaje de Puebla, los apoyos a mujeres violentadas y su compromiso con la justicia. Pero el teatro político no engaña a quien tiene memoria. Su gestualidad, su retórica grandilocuente, su teatralidad de campaña permanente, son los síntomas más evidentes de una clase política que aprendió a simular la decencia mientras reproduce las lógicas de la impunidad. Transformación maquillada: cuando el PRI nunca se fue de Puebla.

El regreso de Mario Marín al Altiplano es, irónicamente, la oportunidad de Armenta para tomar distancia. Pero no puede. Está atado no por afecto, sino por origen. Deslindarse de Marín sería como negarse a sí mismo. Y en ese espejo carcelario, Armenta ve no a un viejo aliado derrotado, sino a un referente inevitable. Marinismo Reloaded: cómo Armenta heredó el poder y la impunidad.

Las redes sociales y la opinión pública no han perdonado ni olvidado. La narrativa que lo vincula al marinismo no se desvanece con comunicados oficiales. Porque el problema de fondo es que no basta con no estar involucrado en un delito: hay que romper con la cultura política que lo hizo posible. Y Alejandro Armenta, con su elenco de reciclados, su estilo impostado y sus poses de teleprompter, no ha roto nada. Más bien, ha continuado. El nieto político del marinismo que juró transformarlo todo.

Carlos Monsiváis solía decir que en México, la modernidad era una promesa que llegaba tarde y maquillada. Alejandro Armenta es el perfecto ejemplo: una promesa disfrazada de ruptura, pero construida con los retazos del viejo régimen. Su gobierno no es nuevo; es un revival mal editado del PRI de hace 40 años, con la misma música de fondo, los mismos actores, y los mismos vicios. Solo que ahora, le llaman transformación. Del ‘Gober Precioso’ al ‘Gobernador de las Sombras’: la herencia que no muere en Puebla.

Y eso, para Puebla, es la verdadera tragedia.

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