BUAP: Guerra de Sucesión, Poder y Complicidad en la Universidad “Autónoma” de Puebla


Por Luis Enrique Sánchez Díaz

Cuando una universidad pierde el rumbo, no lo hace de un día para otro. Lo hace lentamente, hasta que el poder se convierte en patrimonio privado, los operadores en caciques, y la autonomía en adorno para las paredes de rectoría.

1. El mito de la autonomía y la guerra silenciosa por la BUAP

El paro estudiantil en la BUAP, que al principio fue leído como una protesta legítima por plazas clínicas y derechos estudiantiles, ha mutado en un conflicto mucho más profundo. Hoy, la universidad atraviesa una lucha de poder donde los intereses académicos han sido desplazados por cálculos sucesorios, traiciones estratégicas, pactos encubiertos y una clase política que jamás renuncia a su botín.

Mientras la narrativa oficial sigue insistiendo en enemigos externos (Antorcha Campesina, el Yunque, el comunismo, la ONU y probablemente los reptilianos), la realidad es que la BUAP está secuestrada desde dentro. Por actores que se han reciclado, camuflado y fortalecido con el tiempo, amparados por redes de complicidad que atraviesan rectoría, vicerrectorías, sindicatos, y la mismísima Casa Aguayo.


2. Damián y el Oso: la dupla que simula rivalidad y reparte poder

En el centro del ajedrez aparecen dos fichas clave: Damián Hernández Méndez, coordinador de Proyectos Institucionales, y José Manuel Alonso Orozco, alias “el Oso”, Secretario General. Son presentados a veces como rivales, pero en realidad funcionan como un dúo coordinado con décadas de operación universitaria a cuestas. Si la universidad fuera una empresa familiar, ellos serían los socios con acciones preferentes.

Damián es el cerebro, el operador fino. Tiene vínculos con el gobernador Alejandro Armenta, una red tejida con sutileza, y un historial de maniobras quirúrgicas en la estructura interna. Alonso, en cambio, es la mano dura: el que ejecuta sin rodeos.

Ambos forman parte del aparato heredado de Enrique Agüera, con quien recientemente se reunieron en Ciudad de México, según fuentes bien informadas. El escenario: el restaurante Archibald, en Polanco. La operación: trazar el retorno del viejo poder, sellar alianzas y prolongar la crisis para debilitar a la rectora Lilia Cedillo. Así lo denunció la columna La Cromada (2025), con ironía afilada y precisión quirúrgica.


3. El frente Armenta-Jaime Vázquez: autonomía bajo asedio

Mientras estos operadores juegan su partida desde dentro, en el flanco externo aparece el otro bloque: Alejandro Armenta, gobernador de Puebla, y su operador universitario favorito, Jaime Vázquez López, vicerrector de Docencia. Amistad documentada. Reuniones frecuentes. Y, sobre todo, una intención clara: que Vázquez herede la rectoría, ya que —según se dice con sorna— “no hay otro”.

El cálculo es simple: permitir que el conflicto desgaste a Cedillo y que los estudiantes, agotados, acepten una figura de “consenso técnico”. Es decir, un rector que les garantice “estabilidad” pero también obedezca a Casa Aguayo.

Armenta, fiel a su estilo priista, ha culpado a Antorcha Campesina sin pruebas, desvío clásico para no hablar de su injerencia real y violación a la autonomía universitaria. Pero sus aliados internos y sus intenciones son conocidas por todos en CU. Nadie se atreve a decirlo en público, pero lo susurran en pasillos, oficinas, y cafeterías. La autonomía universitaria ya está bajo intervención quirúrgica.


4. Cedillo: atrapada en su propio gabinete

Y mientras todo esto ocurre, Lilia Cedillo observa desde algún punto cercano, que por obvias razones, no es la torre de rectoría, cómo su gestión se hunde. Su error no fue solo político, sino ético: confió en quienes debía remover. Hoy, paga las consecuencias.

Las redes denuncian corrupción sistemática en su equipo: funcionarios jubilados cobrando doble, contratos millonarios gestionados por personal con formación mínima (en RR SS circulan las pruebas presentadas), “guaruras” violentos ascendidos a coordinadores deportivos, y un silencio ensordecedor ante todas las acusaciones.

Peor aún: se le acusa de encubrir a “El Oso” y a Damián, incluso de haber repartido poder y moches dentro de su administración. ¿Es Cedillo víctima o cómplice? La frontera es borrosa, pero cada vez más ciudadanos se inclinan por la segunda opción.


5. ¿Dónde está Esparza? ¿Y qué quiere Agüera?

A estas alturas, Alfonso Esparza Ortiz, exrector, parece una sombra del pasado. Se sabe que marginó a Alonso, Damián y Agüera durante su rectorado. Que congeló sus redes, les quitó negocios, los desplazó del poder. Pero ese pasado está regresando con fuerza.

La reunión Agüera-Alonso parece ser el punto de reconciliación de un bloque que quiere recuperar la universidad. ¿La moneda de cambio? El conflicto estudiantil. ¿El plan? Forzar la renuncia o el desgaste total de Cedillo y tomar el control mediante una figura títere o directamente con uno de ellos.

Todo esto, mientras Jaime Vázquez y Armenta avanzan con sigilo para posicionarse como los salvadores de la crisis.


6. ¿Y los estudiantes? Instrumentalizados y divididos

El movimiento estudiantil, que comenzó con demandas justas, se ha convertido en campo de disputa. Hoy, muchos jóvenes se preguntan si están peleando por su educación o por los intereses de grupos que los utilizan como carne de cañón.

Existen fracturas, divisiones y desconfianza. ¿Quiénes lideran realmente? ¿Quién financia sus actividades? ¿Con quiénes se reúnen? Las respuestas importan, porque los estudiantes tienen el poder de decidir si continúan siendo instrumento de facciones o fuerza transformadora real.


7. Conclusión: la sucesión rectoral ya comenzó, y el conflicto es la campaña

La BUAP no está solo en paro. Está en guerra. Una guerra fría entre viejos operadores, el poder estatal y una rectoría debilitada. Una guerra donde las víctimas son los estudiantes y el botín es la universidad misma.

Tres bloques compiten:

  • El bloque Armenta-Vázquez, que quiere una BUAP sumisa.
  • El bloque Agüera-Alonso-Damián, que quiere retomar lo perdido.
  • Y la rectora Cedillo, que ya perdió el control, pero aún puede decidir cómo quiere salir: con dignidad o entre las ruinas.

Colofón incómodo: y si todo esto es cierto… ¿quién está detrás de los silencios?

¿Quién filtró los detalles del Archibald? ¿Quién protege al #PorroSecretario desde adentro? ¿Por qué Armenta se ensaña con Antorcha pero calla sobre Jaime Vázquez? ¿Cuánto tiempo más podrá Cedillo sostener una administración con funcionarios reciclados del pasado y operadores con ambición desmedida?

¿Y si Beatriz Gutiérrez Müller nunca fue parte del plan… pero usaron su nombre como peón de legitimación? ¿Qué ganaron los que la colocaron simbólicamente como «la próxima rectora decorativa»?

Estas preguntas no buscan respuestas inmediatas. Buscan incomodar. Porque la verdad no siempre está en los boletines. A veces está en el ruido, en los silencios, en las filtraciones… y en los pactos sellados entre cognacs y cortes de Prime Rib.


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