Ernesto Zedillo no fue el capitán de un proyecto de nación, sino el gerente de una crisis institucional. Llegó a la presidencia por descarte tras el asesinato de Colosio y gobernó sin liderazgo, sin carisma y sin pueblo, consolidando silenciosamente el modelo neoliberal que convirtió la deuda privada en pública mediante el Fobaproa. Este artículo desnuda su papel como operador del desmantelamiento del Estado social y su posterior reconversión en experto internacional, recordándonos que la amnesia política también es una forma de impunidad.