Los narcocorridos no son el problema, sino el síntoma de un país donde el capitalismo neoliberal y el autoritarismo se dan la mano. Desde los años 90, cuando el TLC abrió las compuertas al mercado salvaje, México se convirtió en el patio trasero de la demanda estadounidense de drogas. El narco no es un 'desvío': es el hijo legítimo de un sistema que premia la acumulación sin escrúpulos. Los capos, con sus mansiones y sus convoyes blindados, son los empresarios modelo del libre mercado, los verdaderos 'hombres de éxito' que la élite admira en secreto mientras los condena en público.