José “Pepe” Mujica no fue simplemente “el presidente austero” que los medios globales convirtieron en postal. Su pensamiento político, arraigado en tradiciones libertarias y anticapitalistas, cuestionó de forma directa la lógica del poder, la jerarquía institucional y el fetichismo del desarrollo. Este artículo analiza su praxis desde una perspectiva crítica, conectando su ideología con autores como Gramsci, Bookchin e Illich, y revelando por qué su coherencia ética representó una forma de disidencia estructural en un sistema político global que castiga, ridiculiza o domestica toda forma de honestidad radical.