Cuando las urnas hablan con decencia


Por: Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz
Profesor-investigador, Facultad de Administración, BUAP

Cada proceso interno en la universidad es una prueba de coherencia.
No sólo porque en él se decide quién dirige, sino porque —aunque parezca rutinario— también se revela cómo nos entendemos como comunidad académica.
En la Facultad de Administración estamos a punto de vivir ese ejercicio. Y como en toda institución madura, lo importante no es el ruido previo, sino la serenidad con la que se cuenten los votos.

Si las cosas se conducen con el equilibrio que el gobernador Alejandro Armenta ha mostrado en los primeros meses de su gestión, y si la Secretaría General mantiene el tono institucional que su titular, Damián Hernández, ha sabido imprimir a las deliberaciones internas, la elección podría convertirse en un ejemplo: un proceso donde la prudencia valga más que la consigna.


Un candidato que encaja con el momento

En esa lógica, Ricardo Paredes Solorio aparece como el perfil que mejor se ajusta al tipo de dirección que la Facultad necesita ahora mismo:
un académico con oficio, con conocimiento de los procesos internos y con la suficiente autonomía para dialogar sin someterse.
No es improvisado ni externo; tampoco un militante de ningún grupo.
Pertenece a esa generación que entiende que la autoridad universitaria no se impone, se gana por consenso.

Su paso por la contienda rectoral reciente le dio un activo que pocos tienen: legitimidad de origen.
Lo conocen los estudiantes, lo respetan sus pares, y no carga deudas políticas con nadie.
Eso lo vuelve un interlocutor confiable para todas las partes: para la rectoría, porque garantiza gobernabilidad; para los docentes, porque asegura continuidad; y para los alumnos, porque representa apertura y diálogo.


Candidaturas con límites evidentes

Beatriz Herrera López, con un discurso cuidado y un entorno cercano a la actual administración central, no ha logrado proyectar una propuesta que entusiasme al profesorado.
Su mensaje es correcto, pero su programa no toca las fibras urgentes: acreditaciones, rezago en titulación, vinculación productiva.
El respaldo que pudiera recibir de la rectora Lilia Cedillo no corrige su debilidad estructural: carece de anclaje interno.

María Guadalupe Morales Espíndola, por su parte, enfrenta un dilema ético y operativo.
Divide su tiempo entre la BUAP y la Secretaría de Educación Pública, donde ocupa un cargo directivo en el CENHCH.
Esa doble militancia institucional suscita una pregunta inevitable:
¿puede representar la autonomía quien simultáneamente responde a jerarquías del poder ejecutivo?
Aun si la respuesta fuese benevolente, la percepción de conflicto ya está instalada, y en política universitaria las percepciones pesan tanto como los reglamentos.

Las demás aspirantes —María Rocío Torres Soto y María Teresa Ríos Fuentes— son académicas respetables, pero sin estructura, ni proyección suficiente para articular un proyecto colectivo.


Qué busca realmente la comunidad

En los pasillos no se habla de ideologías, sino de certidumbre:

  • Carga académica equitativa,
  • Trámites menos engorrosos,
  • Reconocimiento al mérito y no al favor,
  • Respeto a los cuerpos colegiados o cuerpos académicos.

Quien logre encarnar esas demandas sin sectarismo ganará algo más que una dirección: ganará la confianza de una generación de universitarios cansados de que la política partidista suplante al trabajo académico.

Y ahí, la figura de Paredes encaja naturalmente: un gestor que no necesita levantar la voz para hacerse escuchar, un académico que puede hablar con todos sin prometerle todo a nadie.


El valor de la prudencia

La elección del 28 de octubre no será sólo un trámite local; será un mensaje nacional sobre cómo la BUAP ejerce su autonomía.
El gobernador Alejandro Armenta lo sabe: respetar los procesos internos es respetar el prestigio de la institución que da sentido a Puebla.
Y el secretario general Damián Hernández tiene en sus manos la oportunidad de consolidar esa imagen de equilibrio: que los universitarios se gobiernan solos, con reglas y con decencia.


Epílogo

La historia universitaria se recuerda por sus gestos de mesura más que por sus gritos.
En la Facultad de Administración hay varios nombres, pero una sola expectativa: que la razón académica se imponga sobre el cálculo político.
Si eso ocurre, la comunidad no tendrá que mirar hacia arriba para saber quién decide.
Lo sabrá mirando hacia dentro, donde siempre estuvo la respuesta.

Y en ese espejo interno, sin estridencias ni padrinazgos, el nombre de Ricardo Paredes Solorio aparece con nitidez.
No porque alguien lo dicte, sino porque la lógica universitaria lo reclama.

Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz
Profesor-investigador, Facultad de Administración, BUAP
Columnista y analista universitario

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