📡 Del “ciberasedio” al asedio del sentido común: cuando legislar se convierte en acto de fe


Por Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz

En Puebla, la realidad a veces se legisla como si fuera una telenovela mal escrita: hay villanos de internet, víctimas sin rostro y un Congreso que decide, con tinta gruesa y premura electoral, que los sentimientos deben estar protegidos por el Código Penal. Así es como nace el “delito de ciberasedio”, la última joya jurídica publicada en el Periódico Oficial del Estado el 13 de junio de 2025, bajo el título digno de una ley distópica: “Reforma al Capítulo de Falsedad para proteger tu corazoncito de los malos tweets.”

🥁 Vamos por partes: ¿qué se supone que castiga esta ley?

Según el nuevo Artículo 480, comete el delito de ciberasedio quien, a través de las tecnologías de la información, cause una afectación emocional reiterada a otra persona. Es decir, si un tuit te incomoda tres veces y media, ya puedes ir al Ministerio Público a llorar con pruebas impresas de screenshots.

El delito, por supuesto, es tan vago que podrías imputárselo a cualquier usuario que te moleste, te cuestione, te debata o simplemente no te ría el chiste. Es la judicialización de la susceptibilidad. El Código Penal convertido en pañuelo desechable para autoridades con la piel delgada y el ego hipertrofiado.

🧠 Improcedente, inútil e inconstitucional

Este bodrio normativo tiene todos los elementos de una ley improvisada:

  • Ambigüedad conceptual: ¿Qué es “asediar digitalmente”? ¿Tuitear más de una vez? ¿Corregir a un funcionario que miente? ¿Etiquetarlo con sarcasmo?
  • Criterios subjetivos: El tipo penal se activa con que “alguien” diga sentirse emocionalmente afectado. Bienvenidos al Código Penal terapéutico.
  • Violación de competencias: El Congreso local no tiene atribuciones para legislar sobre delitos cibernéticos, que son competencia federal. Esta ley será un chiste más en la Corte.
  • Censura disfrazada de moralidad: Porque la “afectación emocional” es la nueva excusa para perseguir a tuiteros incómodos. No a criminales. A tuiteros.

📍Y si tuitéo desde otro estado… ¿también me van a procesar?

Aquí viene lo mejor: la ley aplica solo en Puebla, pero pretende castigar lo que sucede en internet, un espacio que no conoce fronteras estatales. Si alguien escribe desde Guanajuato, Tabasco o Islandia un comentario que “afecte emocionalmente” a alguien en Cholula, no hay forma legal de perseguirlo desde Puebla.

¿O acaso piensan mandar oficios diplomáticos a Elon Musk o a X Corp. para que rastreen IPs interestatales en nombre de la dignidad herida?

👁️‍🗨️ El verdadero objetivo: amedrentar

Lo más grave no es su inutilidad, sino su potencial de intimidación política. Esta ley no va a proteger a ninguna víctima real. Pero sí puede silenciar activistas, periodistas, cuentas incómodas o simples ciudadanos que se atrevan a pensar con ironía en voz alta.

Porque ahora el criterio es simple: si incomodas, si haces pensar, si rompes la narrativa oficial, puedes ser acusado de “ciberasediar” a quien ostenta poder. La afectación emocional es el nuevo pretexto penal para ejercer el autoritarismo sentimental.


🎯 Conclusión: legislar contra la ironía es legislar contra la inteligencia

Esta ley no busca justicia. Busca obediencia. No pretende proteger a los débiles, sino blindar a los poderosos de la burla, la crítica y el desacuerdo. Es, en el fondo, una ley para prohibir el pensamiento incómodo y la sátira política, disfrazada de bondad emocional.

Pero, como siempre, los legisladores subestiman algo: la inteligencia colectiva tiene más fuerza que sus ocurrencias. Y en cada intento de silenciar la crítica, solo confirman lo que tanto les molesta: que los estamos observando, que sabemos leer entre líneas y que no nos tragamos sus cuentos jurídicos de fantasía.


👤 Semblanza del autor:

Dr. Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor-investigador universitario, consultor en políticas públicas y comunicación estratégica. Crítico del poder sin maquillaje y defensor de las libertades civiles en la era digital, escribe sobre derecho, política y sociedad desde una mirada filosófica, irónica y combativa.

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