Del miedo a la audiencia: por qué tantos abogados huyen del sistema penal acusatorio


Por Luis Enrique Sánchez Díaz
Profesor de filosofía de la ciencia y analista crítico del sistema jurídico mexicano

“No es que el nuevo sistema penal acusatorio sea difícil. Es que exige lo que la vieja escuela nunca nos enseñó: pensar, argumentar y actuar con dignidad jurídica.”


I. El miedo no es técnico, es cultural

Desde que el sistema penal acusatorio (SPA) fue implementado en México, ha habido una reacción en cadena en los pasillos de juzgados y despachos jurídicos: abogados que, con años de experiencia, rehúyen tomar un solo caso penal. Se excusan con frases como “eso ya es para litigantes jóvenes”, “necesita otra preparación” o el clásico “yo no me meto en eso, es muy engorroso”. Pero más allá de lo técnico, lo que se evidencia es un miedo estructural, anclado en décadas de formación jurídica caduca, prácticas acomodaticias y una cultura legal acostumbrada a la sumisión del abogado frente al sistema.

No teman. Pero tampoco se engañen: el problema no está en el sistema. Está en la forma en que nos entrenaron —o nos domesticaron— para ejercer el Derecho.


II. La herencia del viejo sistema: papel, obediencia y simulación

Durante décadas, el sistema inquisitivo mixto premió a quienes sabían rellenar formatos, citar artículos y no hacer demasiadas preguntas. No importaba si el abogado sabía defender a un inocente o descubrir inconsistencias en la investigación: bastaba con saber a quién llevarle un oficio, cómo “platicar con el MP” o qué frase poner en el escrito para no incomodar al juez.

Así, cientos de abogados se formaron como burócratas de la ley: buenos para lo procedimental, torpes para lo sustantivo. No aprendimos a pensar jurídicamente, sino a obedecer jurídicamente. El juicio oral, entonces, aparece como un animal extraño: nos exige algo que nunca desarrollamos… el coraje de argumentar en voz alta frente al poder.


III. El nuevo sistema no es perfecto, pero es honesto

Claro que el sistema penal acusatorio tiene defectos: fiscales sin preparación, defensores de oficio rebasados, audiencias diferidas por tonterías, salas sin tecnología, y simulación de muchas instituciones. Pero ese no es el corazón del problema. El verdadero desafío es que ahora los casos se ganan por la fuerza de la lógica, la calidad de la prueba y la capacidad argumentativa.

No basta con saberte el artículo. Debes poder explicarlo. Defenderlo. Aplicarlo a los hechos. Y convencer.

Eso aterra a muchos abogados. Porque se dan cuenta —de golpe— que su título universitario, su cédula profesional y sus años de “experiencia” no garantizan nada cuando están frente a un juez que espera razones, no reverencias.


IV. La frustración es real, pero también lo es la oportunidad

Muchos abogados frustrados sienten que “ya no es su momento”. Que “el nuevo sistema es para los jóvenes”. Que “esto ya cambió y me quedé atrás”. Pero esa es una mentira cruel, disfrazada de humildad. La verdadera derrota no está en no saber, sino en no querer aprender.

El SPA no es un monstruo. Es una oportunidad histórica para reconstruir la dignidad de la abogacía: para dejar de ser gestores de influencias y volvernos artesanos de la argumentación. Para dejar de pedir permiso y empezar a exigir justicia con fundamentos, lógica y evidencia.

Si te sientes frustrado, tómalo como señal. Pero no huyas. Estudia. Observa audiencias. Aprende teoría del caso. Practica objeciones. Recupera el respeto por tu oficio.


V. O litigas con verdad, o sigues simulando

Aquí va la verdad incómoda: si el nuevo sistema penal te incomoda, es probablemente porque no sabes litigar en él. Y si no sabes, es porque nunca te lo enseñaron. Pero si no aprendes… estás condenado a la irrelevancia jurídica.

No necesitas ser joven, ni tener mil cursos, ni trabajar en la Fiscalía. Necesitas pensar, estructurar, hablar, y defender. Eso no lo da un diplomado: lo da la voluntad de asumir tu vocación con seriedad.

Porque el verdadero abogado no es el que saca copias, ni el que gestiona influencias. Es el que se para ante un juez, defiende a su cliente con evidencia, y no se dobla.


Epílogo: el juicio también es contigo

El SPA no solo te pone a prueba como litigante. También te juzga como profesional del Derecho. Y como en toda audiencia, tú eliges: puedes declararte incompetente y retirarte, o puedes aprender a litigar con dignidad.

Porque el Derecho no es para quien lo repite. Es para quien lo encarna.


✅ Semblanza del autor

Luis Enrique Sánchez Díaz es profesor universitario, analista crítico del sistema jurídico mexicano y defensor de una abogacía comprometida con la verdad, el pensamiento lógico y la dignidad profesional. Con más de veinte años de experiencia en educación superior, ha formado a generaciones de administradores y abogados desde una perspectiva metodológica rigurosa y crítica. En sus textos combina claridad argumentativa, mirada estructural y una crítica frontal a las inercias del sistema legal mexicano. Escribe para incomodar, formar y provocar.

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