Carta abierta a Mario Delgado: La educación no se vende al mejor postor


Doctor Luis Enrique Sánchez Díaz

Estimado señor Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), permítame dirigirme a usted con la franqueza que merece un asunto tan grave como el que nos ocupa: su inexplicable decisión de asociarse con las industrias de la comida chatarra y el tabaco para, según usted, “promocionar la educación” de la niñez mexicana. ¿En serio, señor secretario? ¿Cree que el pueblo de México es tan ingenuo como para tragarse el cuento de que estas industrias, célebres por envenenar cuerpos y mentes, son ahora las hadas madrinas de la educación? Vamos a desmontar, con lógica implacable y datos duros, por qué esta maniobra es no solo un error colosal, sino una traición a los principios que usted, como servidor público, debería defender.

I. La hipocresía de aliarse con los mercaderes de la enfermedad

Comencemos con lo obvio: la industria de la comida chatarra y el tabaco no son aliados de la salud ni del bienestar. Son, por el contrario, pilares de un sistema capitalista que lucra con la enfermedad y la adicción. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2020, el 35.6% de los niños mexicanos de 5 a 11 años padecen sobrepeso u obesidad, un flagelo directamente ligado al consumo de alimentos ultraprocesados promovidos por empresas como Coca-Cola y Bimbo. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el tabaquismo mata a 63,000 mexicanos al año, con la industria tabacalera apuntando cada vez más a los jóvenes mediante productos como vapeadores, disfrazados de “inofensivos”. ¿Y usted, señor Delgado, decide que estas son las manos idóneas para moldear el futuro educativo de nuestra niñez? La ironía es tan grotesca que casi parece una sátira.

Usted ha defendido iniciativas como la estrategia “Vive Saludable, Vive Feliz”, que, en teoría, busca erradicar la comida chatarra de las escuelas a partir de marzo de 2025. Sin embargo, las críticas en redes sociales, como las expresadas en redes sociales, revelan una percepción pública de que su acercamiento con estas industrias huele más a componendas económicas que a compromiso educativo. ¿Cómo explica que, mientras promete combatir la obesidad infantil, acepta donaciones de básculas de empresas como Coca-Cola y Philip Morris, según denuncias recientes? ¿Es esto una estrategia para “educar” o un lavado de imagen corporativo disfrazado de filantropía? La lógica es clara: quien contamina no puede ser el que limpia.

II. La falacia de la “colaboración público-privada”

Su narrativa, señor Delgado, se apoya en una falacia neoliberal que lleva décadas corroyendo el tejido social: la idea de que el sector privado es un aliado indispensable para resolver problemas públicos. Esta “colaboración” no es neutral; es una entrega descarada de la soberanía educativa a intereses corporativos. La industria de la comida chatarra y el tabaco no invierte en educación por altruismo, sino porque sabe que las aulas son un mercado cautivo. Según un informe de la OMS (2023), la industria tabacalera gasta millones en estrategias para captar a los jóvenes, desde publicidad encubierta hasta patrocinios en eventos “culturales”. En México, el Convenio Marco para el Control del Tabaco, ratificado en 2003, prohíbe explícitamente cualquier forma de promoción que vincule al tabaco con causas sociales. ¿Acaso su asociación con estas empresas no viola ese espíritu?

La comida chatarra no se queda atrás. Un estudio de la Universidad Autónoma de México (UNAM, 2022) reveló que las cooperativas escolares, lejos de ser espacios de nutrición, son puntos de venta de productos ultraprocesados que generan adicción en los menores. Usted mismo ha reconocido la necesidad de capacitar a las cooperativas para ofrecer opciones saludables, pero ¿cómo se atreve a predicar salud mientras estrecha manos con los mismos que llenan las escuelas de refrescos y papas fritas? Es como pedirle al lobo que cuide a las ovejas.

III. Una traición sistémica al pueblo mexicano

No se equivoque, señor Delgado: este escándalo no es un error aislado, sino un síntoma de algo mucho más profundo. Su decisión refleja la hegemonía de un sistema político que, pese a proclamarse “transformador”, sigue arrodillándose ante el capital. México arrastra una deuda histórica con su niñez: el 43.9% de los menores de 18 años vive en pobreza, según el CONEVAL (2022), y las escuelas públicas, en lugar de ser un refugio de equidad, se han convertido en campos de batalla donde las corporaciones libran su guerra por el control de los cuerpos y las mentes. Al abrir las puertas a estas industrias, usted no solo perpetúa esa desigualdad, sino que la agrava.

La propaganda oficial, amplificada por medios complacientes, intenta pintar estas asociaciones como un “esfuerzo conjunto” por el bien común. Pero no nos engañemos: los medios tradicionales, muchos de ellos financiados por las mismas corporaciones que usted corteja, no son árbitros imparciales. Según el informe de Transparencia México (2024), el 60% de la publicidad gubernamental se concentra en cinco consorcios mediáticos que, casualmente, también reciben millones de las industrias alimentaria y tabacalera. ¿Es coincidencia que las críticas a su gestión apenas encuentren eco en esos canales? La manipulación mediática es tan burda que insulta la inteligencia del pueblo.

IV. La lógica impecable de la indignación

Permítame desglosar la inconsistencia de su postura con un razonamiento elemental:

  1. Premisa mayor: La educación debe formar ciudadanos libres, críticos y saludables, no consumidores adictos a productos nocivos.
  2. Premisa menor: Las industrias de la comida chatarra y el tabaco tienen un historial documentado de dañar la salud y manipular a los jóvenes para maximizar ganancias.
  3. Conclusión: Asociarse con estas industrias para “promocionar la educación” es contradictorio, inmoral y perjudicial para el interés público.

¿Dónde está la falla en este silogismo, señor Delgado? No la hay. Su decisión desafía la lógica más básica y expone una verdad incómoda: su prioridad no es la niñez, sino mantener un equilibrio de poder con actores económicos que no dudan en sacrificar vidas por dividendos.

V. Un llamado a la decencia

Señor Delgado, usted ocupa un cargo que debería ser un faro de integridad, no un escaparate para negociaciones turbias. La educación no es una mercancía que se pueda subastar al mejor postor, y los niños mexicanos no son peones en un juego de influencias corporativas. Si de verdad cree en la “Cuarta Transformación”, demuéstrelo con hechos: rompa cualquier vínculo con estas industrias, transparente los acuerdos firmados y pida disculpas públicas por este desliz monumental. De lo contrario, su legado será recordado no como el de un educador, sino como el de un facilitador de los peores vicios del capitalismo.

No se engañe pensando que el pueblo olvidará. Las redes sociales, ese espacio donde la verdad aún respira, están hirviendo de indignación. Usuarios en X han señalado, con justa razón, que su gestión parece más interesada en los “moches” que en los pupitres. Y aunque los medios tradicionales intenten blanquear su imagen, la memoria colectiva es implacable. Usted tiene la oportunidad de rectificar, pero el reloj corre.

Con la esperanza de que reflexione y actúe,
Un ciudadano harto de la hipocresía.

Fuentes:

  • ENSANUT 2020: Instituto Nacional de Salud Pública.
  • OMS, Informe Global sobre la Epidemia de Tabaco, 2023.
  • CONEVAL, Medición de la Pobreza 2022.
  • UNAM, Estudio sobre Consumo de Alimentos en Cooperativas Escolares, 2022.
  • Transparencia México, Reporte sobre Publicidad Gubernamental, 2024.
  • Convenio Marco para el Control del Tabaco, OMS, 2003.
  • Denuncias ciudadanas en X, recopiladas el 13 de abril de 2025 (sin citar publicaciones específicas por neutralidad).

Sobre el autor:


Luis Enrique Sánchez Díaz, mexicano de pura cepa, es un observador mordaz de las entrañas del poder y un crítico implacable de sus abusos. Desde su trinchera digital, luisenriquesan.blog , destapa las cloacas del sistema con una mezcla de lógica afilada y sarcasmo que no da tregua. Autodidacta y comprometido, escribe para despertar conciencias y exigir un México donde la educación no se arrodille ante el capital.

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