El Periodismo que Nos Traiciona en Puebla – ¡Despierten, Estudiantes!


Por Luis Enrique Sánchez Díaz

Estudiantes de la BUAP, peatones que arriesgan la vida en la vía Atlixcáyotl, y ciudadanos cansados de una Puebla que se ahoga en mentiras oficiales: ¿ya notaron cómo los medios locales nos apuñalan mientras sonríen a la cámara? Esto no es retórica incendiaria, es simple anatomía mediática, un mecanismo perverso diseñado para silenciar voces incómodas.

Iván Yvienen (sociologay_) lo dejó clarísimo en su reciente hilo en X: Juan Carlos Valerio y Carlos Martín Huerta no hacen periodismo, hacen relaciones públicas para las élites poblanas. Desde sus púlpitos televisivos y radiofónicos, estos personajes no informan: fabrican consentimiento, manipulan percepciones y criminalizan la protesta social.

El Espejo Roto de la Manipulación

Siguiendo a Chomsky, esos medios que juraron informar imparcialmente son simples maquinarias diseñadas para mantener intactos los privilegios de quienes firman los cheques. ¿Ejemplos? Sobran. En Puebla, frente al paro estudiantil en la BUAP o las demandas desesperadas por pasos peatonales seguros en la Atlixcáyotl, Valerio y Martín no se ponen del lado del ciudadano; eligen, como señala Yvienen, amplificar la voz de la rectora, de los empresarios irritados, y presentar a los manifestantes—sí, nosotros, los que reclamamos derechos básicos—como «obstáculos al progreso». Qué conveniente narrativa para sus patrones.

Mientras tanto, medios arcaicos como El Sol de Puebla, El Heraldo o Milenio.com siguen la misma lógica: lo que vende son «afectaciones económicas«, no vidas humanas. Monsiváis diría, con la sonrisa torcida del cronista que observa una tragedia repetida, «¡Qué espectáculo tan poblanito!» Aquí, protestar es sinónimo de «desorden», y exigir derechos mínimos es visto como acto de rebeldía o barbarie.

Pisando los Callos Adecuados

Seamos directos, jóvenes: estos comunicadores y sus patrones no son ingenuos, saben exactamente lo que hacen. Al desviar la atención hacia supuestas pérdidas económicas o molestias superficiales, nos enfrentan entre nosotros, dividiendo a la comunidad estudiantil y ciudadana. Logran que olvidemos que pedir seguridad vial o una educación digna no es un favor que nos hacen; es nuestra legítima exigencia frente al abandono sistemático del Estado.

Y cuando las redes sociales hierven en comentarios hostiles hacia quienes protestan, no estamos ante reacciones espontáneas, sino frente al resultado directo de esta fabricación de odio y rechazo mediático (no se vayan con la finta). Frente a esta emboscada informativa, nuestra única salida es elevar el volumen de nuestra voz todavía más, porque si quieren callarnos (Ciudadanos, estudiantes, universitarios), es precisamente porque nos temen.

La Dignidad de Otros Medios: Lado B

Pero no todo es sombra y engaño en Puebla. Mientras los medios grandes venden silencio al mejor postor, iniciativas independientes como Lado B nos recuerdan que otro periodismo es posible y necesario. Desde 2011, tras romper con la prensa oficialista, han narrado historias reales, como la resistencia de mujeres contra la minería extractiva, y han dado espacio a luchas sociales que para Valerio y Martín Huerta ni siquiera existen.

Medios como Lado B quizá no tengan las cámaras relucientes ni los estudios millonarios, pero sí tienen algo que los «periodistas oficiales» olvidaron hace tiempo: valor, ética y respeto por la verdad. Nuestra tarea, jóvenes estudiantes, peatones indignados, ciudadanos en general, es amplificar esas voces: compartiendo, retuiteando, haciendo memes en TikTok e Instagram, o simplemente conversando en la calle, donde el periodismo oficial nunca llega.

¡Despierten, No Se Dejen!

Esto trasciende Puebla. La manipulación mediática es global y busca mantenernos dóciles, anestesiados ante las injusticias cotidianas. Pero también hay una esperanza: la resistencia nace de la conciencia y la acción colectiva. Si Valerio, Martín y los dueños de El Sol, El Heraldo o Milenio piensan que lograrán silenciarnos, están profundamente equivocados.

Cada pancarta levantada en la BUAP, cada cruce arriesgado en la Atlixcáyotl, cada tuit crítico como el de Yvienen, es un puñetazo directo a la narrativa oficialista. No permitamos que nos borren, ni que nos dividan.

Así que, estudiantes, ciudadanos, usuarios de redes sociales: sigamos pisando los callos de este sistema tramposo. Exijamos claridad, gritemos justicia, difundamos la verdad que ellos no quieren mostrar. Porque Puebla, con su caos y belleza cotidiana, merece un periodismo que no le traicione, sino que la acompañe y defienda en sus luchas más justas.

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Fuentes Citadas en la Redacción

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