Por Luis Enrique Sánchez Díaz
La política en Puebla tiene un sello distintivo: siempre encuentra la manera de meter las manos donde no debe. Lo que comenzó como un legítimo movimiento estudiantil en la BUAP exigiendo seguridad, infraestructura y transparencia, se ha convertido en el más reciente episodio de manipulación política. Y si hay un personaje que encarna esta estrategia oportunista es Alejandro Armenta.
Sí, el mismo Armenta que ha navegado por las aguas más turbias del priismo poblano antes de reinventarse como un ferviente morenista. El mismo que ha cambiado de lealtades como quien cambia de camisa y que, lejos de aprender de sus tropiezos, insiste en entrometerse en espacios donde su presencia solo trae desconfianza.
Mientras los estudiantes sostienen un paro que afecta a miles, Armenta se ha convertido en el espectador que finge preocupación pero cuya historia sugiere otra cosa: oportunismo, simulación y un intento descarado de lavarse la cara usando la crisis universitaria.
Armenta y la BUAP: El Cálculo Político de un Pasado que Pesa
Cuando Alejandro Armenta se pronuncia sobre la BUAP, hay que preguntarse: ¿realmente le importa la educación pública o solo ve una oportunidad para posicionarse políticamente? Acaso querrá colgárse la primera medallita de la democratización de la Universidad pública con la señora presidenta? Su historial lo delata. Este es el hombre que ha sido señalado por años por sus prácticas de control político en Puebla, desde sus tiempos en el PRI, donde construyó una red clientelar, hasta su reciclaje en Morena, donde su habilidad para jugar con el poder lo ha mantenido a flote.
Si la BUAP es hoy un campo de batalla, no es solo por la incapacidad de su administración, sino porque actores políticos como Armenta han entendido que esta crisis puede ser útil para sus propios fines. Lo que para los estudiantes es un problema de condiciones indignas, para él es una plataforma de campaña.
En los últimos días, su discurso ha sido ambiguo: habla de la importancia del diálogo mientras sus aliados en la política poblana intentan deslegitimar el movimiento estudiantil. Habla de autonomía universitaria mientras su historial sugiere que ve a la BUAP como un botín político más.
Porque, ¿cómo creerle a un personaje cuya carrera está marcada por la sumisión al poder en turno? Desde su paso por la Secretaría de Desarrollo Social en el gobierno de Mario Marín—sí, el mismo Marín el infame «Gober Precioso»—hasta su cercanía con grupos que han hecho de la política en Puebla un juego de traiciones, Armenta no es un defensor de la educación pública. Es un político que sabe dónde acomodarse.
El Neoliberalismo en la BUAP: El Verdadero Problema que Armenta No Menciona
Mientras Armenta juega a ser un observador preocupado, la realidad es que el conflicto en la BUAP es más profundo que una simple disputa entre estudiantes y autoridades. Es el reflejo de una crisis mayor: la conversión de la universidad en un negocio.
Porque la BUAP, como muchas otras instituciones públicas en México, ha sido moldeada bajo la lógica neoliberal:
- Los estudiantes no son ciudadanos críticos, sino futuros empleados dóciles.
- La infraestructura no es una prioridad si no genera rentabilidad.
- La educación no es un derecho, sino un producto de acceso restringido.
Es en este contexto que el paro cobra sentido: los estudiantes no solo están luchando por condiciones básicas, sino contra un modelo que los ha reducido a números en un sistema que prioriza la imagen institucional sobre el bienestar de su comunidad.
Pero de esto Armenta no habla. Porque para él, la educación es solo otro espacio donde el control político importa más que el debate académico.
Los Medios y la Manipulación: Cómo Se Construye una Falsa Narrativa
Uno de los aspectos más descarados del conflicto ha sido la manera en que los medios de comunicación han jugado a ser árbitros cuando en realidad son actores del conflicto. Y aquí, el vínculo con Armenta es mas que evidente.
Desde el inicio del paro, los medios en su mayoría alineados con el gobierno estatal, han intentado desviar la conversación:
- Primero, reduciendo las demandas estudiantiles a «caprichos de una minoría».
- Luego, amplificando la narrativa de que el conflicto es promovido por «intereses políticos externos».
- Finalmente, construyendo la imagen de una BUAP que busca la conciliación mientras en realidad evita enfrentar las causas estructurales del problema.
¿Y quién se beneficia de esta manipulación? Exacto. Políticos como Armenta, que necesitan limpiar su imagen y mostrar una supuesta preocupación por la autonomía universitaria cuando en realidad han sido parte del problema por años.
Conclusión: La BUAP No Necesita Salvadores, Necesita Soluciones
Si algo ha quedado claro en este conflicto es que la BUAP no necesita más discursos vacíos, sino respuestas concretas. Los estudiantes han demostrado que saben organizarse, que sus demandas son legítimas (aunque algunos por obvias razones lo nieguen) y que no se dejarán engañar por el mismo juego de siempre.
Armenta y quienes como él intentan capitalizar esta crisis deberían entender algo: la comunidad universitaria no es un trofeo político. No serán los políticos con historiales cuestionables quienes resolverán este problema, sino los propios estudiantes y académicos que seguimos luchando por lo que es nuestro: una universidad que realmente sirva a su comunidad y no a los intereses del poder en turno.
El paro en la BUAP es una señal de que la autonomía universitaria sigue siendo un derecho que hay que defender. Pero también es un recordatorio de que hay quienes, como Armenta, ven en cada crisis una oportunidad para reescribir su historia personal.
La pregunta es: ¿dejaremos que lo haga?
Excelentes comentarios. Gracias por informar y dar contexto.
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