Antorchas y Cortinas de Humo: El Juego Político de Armenta en la BUAP


Desde los tiempos del PRI hegemónico, Puebla ha sido un laboratorio político donde las organizaciones populares (o lo que queda de ellas) han sabido adaptarse con el olfato de un cazador experimentado. Las alianzas cambian, las lealtades se transforman y las antorchas que antes iluminaban los mítines campesinos ahora parecen incendiar los salones universitarios. O al menos eso quiere hacernos creer el gobernador Alejandro Armenta.

El reciente paro en la BUAP ha puesto en jaque al gobierno estatal y a la rectoría. Miles de estudiantes detenidos en el limbo académico, la tensión en las aulas y la inevitable narrativa mediática que grita: «¡Algo no huele bien en la Benemérita!». Pero Armenta, que aprendió las reglas de la política desde el PRI y ahora juega con las herramientas de Morena, no iba a permitir que la culpa cayera sobre su administración o sobre la universidad, así que hizo lo que dicta el manual político mexicano: buscar un enemigo externo.

Y ahí estaba Antorcha Campesina, la organización histórica con vínculos inconfesables al PRI, un blanco perfecto para los tiempos de la 4T. ¿Quién mejor para encarnar el papel del villano que un grupo que ha sido acusado de manipular, coaccionar y extorsionar desde los años dorados del neoliberalismo salinista?

Con una certeza que rozaba lo profético, Armenta señaló a Antorcha Campesina como la mano negra detrás del paro en la BUAP. Sin pruebas, claro. Pero, ¿acaso las pruebas son necesarias cuando lo que se busca no es la verdad sino la narrativa?

La acusación, por supuesto, tiene varias capas de cálculo político:

  1. Desacreditar a Antorcha Campesina y al PRI
    Si Antorcha está detrás del paro, entonces el conflicto deja de ser un problema estudiantil y se convierte en un acto de sabotaje político. La oposición es deslegitimada, el PRI aparece como una fuerza reaccionaria que manipula a los estudiantes, y Morena queda como el garante de la estabilidad y el orden. Golpe político directo y sin intermediarios.
  2. Desviar la atención de la administración pública
    Si los estudiantes protestan, quizá sea porque hay problemas reales en la BUAP o porque la administración estatal ha cometido errores en la gestión educativa. Pero si el problema viene de afuera —si es Antorcha la que manipula— entonces el gobierno queda libre de culpa y las demandas estudiantiles pierden peso político. Se cambia el foco del problema para que el reflector ilumine a otros.
  3. Proyectar liderazgo y control
    Al acusar a Antorcha, Armenta se presenta como el líder que no solo detecta amenazas, sino que las enfrenta con valor. Su discurso de «respeto a la autonomía universitaria» no es más que una forma elegante de decir: «Yo soy el que controla el tablero.»
  4. Presionar a Antorcha Campesina a ceder
    Si Antorcha efectivamente está involucrada, la acusación pública obliga a la organización a salir del conflicto o a buscar una negociación privada. Si no está involucrada, el simple hecho de ser señalada ya genera un costo político y mediático que mina su capacidad de maniobra. Es el viejo juego de exhibir a un rival en público para forzarlo a negociar en privado.
  5. Actuar con base en información no pública
    ¿Tiene Armenta evidencia real de que Antorcha está detrás del paro? Quizá sí, quizá no. Pero en política, las pruebas son accesorios para el relato. Si hay pruebas, se revelarán cuando convenga; si no las hay, siempre queda el recurso de apelar a la inteligencia reservada o al infalible «me lo dijo una fuente confiable.» La verdad es un lujo cuando lo que se busca es imponer una versión de los hechos.

Pero detrás de esta jugada maestra se esconde una estrategia más profunda, una que Chomsky (si estuviera observando desde algún café en Massachusetts) identificaría al instante: la fabricación del consenso a través de la creación de un enemigo externo. Si el conflicto es culpa de Antorcha, el paro deja de ser una protesta legítima y se convierte en una conspiración. Y si es una conspiración, entonces el gobierno tiene el derecho (y el deber) de intervenir para restaurar el orden.

¿Es Antorcha realmente culpable? ¿O es solo el chivo expiatorio perfecto para que el gobierno de Armenta evite responder las verdaderas preguntas sobre la gestión educativa y el descontento estudiantil? La verdad importa poco cuando el relato político ya está escrito.

En Puebla, las antorchas no solo iluminan las calles; también sirven para incendiar conflictos. El problema es que, cuando el fuego se sale de control, incluso el que encendió la chispa puede terminar quemado.

Pongo estas preguntas, para dejar a la víbora chillando:

1. Si Antorcha Campesina realmente está detrás del paro en la BUAP, ¿por qué no han presentado pruebas contundentes en lugar de limitarse a lanzar acusaciones mediáticas? ¿Qué es más conveniente para ustedes: resolver el problema o mantener vivo el conflicto?


2. Si el paro es una manipulación política de Antorcha Campesina, ¿cómo explican que los estudiantes tengan demandas legítimas y que las protestas reflejen malestar real dentro de la universidad? ¿O acaso los están acusando de ser marionetas sin capacidad de pensar por sí mismos?


3. ¿Por qué culpar directamente a una organización ligada al PRI, en vez de hacer una autocrítica sobre las fallas en la gestión educativa o en la respuesta del gobierno? ¿Acaso el objetivo es resolver el conflicto o fabricar un enemigo para fortalecer la narrativa de «estabilidad y control»?


4. Si el gobierno tiene información privilegiada que prueba la intervención de Antorcha Campesina, ¿por qué no ha procedido legalmente en lugar de convertirlo en un espectáculo político? ¿Es más útil políticamente mantener viva la acusación que resolver el problema de raíz?


5. ¿Qué resulta más incómodo para el gobierno: reconocer que hay un descontento legítimo en la comunidad universitaria o admitir que la solución política podría implicar ceder poder o negociar con actores incómodos?