Este artículo conecta la crisis actual en la Facultad de Medicina de la BUAP con la manifestación de 2020 y otras luchas históricas de la universidad, aplicando un análisis crítico e interpretativo desde una perspectiva estructural y sistémica. Utilizaré referencias culturales y evidencia empírica para desmontar narrativas oficiales y denunciar las estructuras de poder que perpetúan estas crisis.
El artículo tendrá enumeraciones extensas, intertextualidad y referencias a documentos históricos y oficiales para garantizar un rigor argumentativo.
Introducción
La Facultad de Medicina de la BUAP arde en crisis. Estudiantes con bata blanca y puño en alto claman: “¡Basta!”. La crisis educativa actual en la BUAP no es un simple berrinche estudiantil, sino el síntoma de un sistema podrido que ha empujado a futuros médicos al límite. Mientras autoridades pregonan “todo está bien” y medios dóciles repiten el guion oficial, los alumnos protagonizan una rebelión que desnuda corrupción académica, negligencia institucional y manipulación mediática. En esta entrada –con tono crítico, mordaz e irónico– analizamos qué está pasando en Medicina BUAP, cómo se conecta con las protestas estudiantiles de 2020 y con luchas históricas de la universidad en México, y por qué esta batalla es estructural y sistémica. 🔍 Spoiler: las mismas paredes que hoy retumban con consignas estudiantiles llevan décadas ocultando las grietas de un modelo universitario fallido.
📜 Contexto histórico: luchas estudiantiles en la BUAP y su eco en el presente
Para entender la revuelta actual, hay que mirar el espejo de la historia. No es la primera vez que la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla vive levantamientos estudiantiles. De hecho, la BUAP nació y creció entre protestas: en 1956, los estudiantes conquistaron la autonomía universitaria frente al control estatal (Gaceta Tiempo Universitario | Benemérita Universidad Autónoma de Puebla)196】. A inicios de los años 70, el Movimiento Estudiantil Popular (1970-1973) sacudió a la universidad: exigían mejoras académicas, reformar planes de estudio, ampliar la matrícula y mayor vinculación social (El movimiento universitario popular de la Universidad Autónoma de Puebla, 1970-1973)L65】. Aquella generación hizo de la universidad trinchera y se conectó con luchas populares más amplias, desafiando a un sistema autoritario. Fue un periodo en que los estudiantes poblanos pasaron de la apatía al activismo político y pagaron el precio enfrentando grupos de choque y represión. La tragedia de San Miguel Canoa (1968) –donde un grupo de universitarios fue linchado bajo acusaciones de “comunistas”– recordaba cuán peligrosa podía ser la mezcla de intolerancia, manipulación y poder en Puebla. La historia de la BUAP está marcada por ese ADN combativo: de la pelea por la autonomía a las huelgas contra reformas impuestas.
Tras la oleada setentera vino un largo letargo. Por casi treinta años predominó una relativa calma (¿o apatía?). Pero el 26 de febrero de 2020 todo cambió: los estudiantes de la BUAP despertaron. Ese día es histórico: por primera vez en tres décadas los estudiantes tomaron las instalaciones y declararon un **paro indefinido (Paro en la BUAP 2020, ¿cuándo empezó esta historia? | MundoNuestro – Periodismo Narrativo 2025 )L54】. ¿La chispa? La indignación ante la inseguridad y la violencia. El multihomicidio de febrero de 2020 –tres estudiantes de Medicina (dos de la BUAP, uno de la UPAEP) y un conductor de Uber asesinados tras una fiesta– fue la gota que derramó el (Pandemia terminó con el movimiento estudiantil, pero las demandas permanecen – El Sol de Puebla | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Puebla y el Mundo)L42】. Al grito de “¿Por qué, por qué nos asesinan, si somos el futuro de América Latina?”, miles de jóvenes poblanos inundaron las calles exigiendo justicia y seguridad. Bajo consignas como #NiUnaBataMenos, la movilización estudiantil unió a facultades y universidades hermanas. La BUAP, acusada a menudo de apatía, vio a su despolitizada masa estudiantil organizarse en días con una fuerza inusitada (Paro en la BUAP 2020, ¿cuándo empezó esta historia? | MundoNuestro – Periodismo Narrativo 2025 )L54】. Ese movimiento de 2020 logró que por fin se atendiera un clamor ignorado: mayor seguridad en los campus y transporte digno para estudiantes. El entonces rector Alfonso Esparza se sumó al reclamo público de justicia (Pandemia terminó con el movimiento estudiantil, pero las demandas permanecen – El Sol de Puebla | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Puebla y el Mundo)L74】, y el gobierno estatal, acorralado, prometió mejoras (patrullajes, iluminar zonas peligrosas, etc.). Por un instante, la voz estudiantil tomó las riendas de la agenda pública.
Sin embargo, el destino jugó una carta cruel: llegó la pandemia de COVID-19 y apagó las calles. La efervescencia estudiantil que había paralizado a la BUAP se disipó cuando las aulas cerraron en marzo de 2020. Como señaló un medio local, *“la pandemia terminó con el movimiento estudiantil, pero las demandas permanecieron (Pandemia terminó con el movimiento estudiantil, pero las demandas permanecen – El Sol de Puebla | Noticias Locales, Policiacas, sobre México, Puebla y el Mundo)L44】. Es decir, el problema de fondo –la inseguridad y la desatención a los estudiantes– quedó latente, hibernando bajo el confinamiento. Aquella energía rebelde se disolvió sin resolver del todo las causas originales. Las autoridades respiraron aliviadas: sin estudiantes en los pasillos, el paro indefinido se difuminó. Pero la llama no se extinguió, solo aguardaba oxígeno.
Ahora, febrero de 2025, en plena “nueva normalidad”, la llama se reaviva transformada en furia académica. Los estudiantes de Medicina vuelven a las calles, esta vez no por seguridad externa sino por la crisis educativa interna de su facultad. La conexión es clara: el mismo espíritu de 2020 renace frente a la negligencia. Cinco años después, los alumnos aplican las lecciones de la historia: solo la movilización estudiantil arranca respuestas a quienes ostentan el poder universitario.
📊 Diagnóstico actual: cifras, evidencias y declaraciones de una crisis educativa
¿Qué detonó la crisis actual en la Facultad de Medicina de la BUAP? En una palabra: negligencia. En varias palabras: falta de plazas para internado médico, prácticas clínicas y servicio social, todo combinado con una mala gestión administrativa crónica. Vayamos a los datos duros:
- Sobrecupo escandaloso: Cada año ingresan alrededor de 700 estudiantes de Medicina por generación, pero las **plazas disponibles para prácticas clínicas e internado médico apenas cubren 400 lugaes (¿Por qué se manifiestan alumnos de medicina de la BUAP? Esto sabemos)-L72】. Esto deja a 300 futuros médicos sin espacio para entrenarse adecuadamente, varados en su camino a la titulación. En otras palabras, la BUAP está aceptando más estudiantes de los que puede formar correctamente –una crisis educativa fabricada por la propia institución.
- Requisito indispensable en el limbo: Realizar prácticas clínicas e internado (así como el servicio social) es obligatorio para titularse como médico. Sin embargo, esa obligación se ha vuelto un calvario: no hay cupo para todos. Los estudiantes literalmente no pueden terminar la carrera porque la universidad y las instituciones de salud no les garantizan un lugar donde practicar. Este cuello de botella viene reportándose desde 2020 (inicios de la pandemia) sin que se haya resuelto a la fecha (PeriodismoHoy)-L77】.
- Mala gestión administrativa: Los propios alumnos señalan a la dirección de la Facultad y a la coordinación de prácticas como responsables directos de la escasez de plazas (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L85】. Luis Guillermo Vázquez de Lara, director hasta hace unos días, y la coordinadora de práctica clínica Martha Elba González Mejía son acusados de ineptitud. Un estudiante resumió la situación con mordaz claridad: *“¿Cómo va a diseñar un plan de estudios gente que nunca ha ejercido como médico (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L88】. El resultado de ese plan mal diseñado: cientos de alumnos sin campo de práctica. Otro ejemplo: se hicieron cambios en el plan de estudios recientes sin asegurar convenios suficientes con hospitales, empeorando el déficit de plazas (mientras en el discurso se presumía modernización curricular).
- Calidad académica en deterioro: Las protestas no solo hablan de cantidad de plazas, también de calidad de enseñanza. “Nos forman para salvar vidas, pero nos dejan sin recursos para aprender”, rezaba una pancarta (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L90】. Laboratorios sin materiales, docentes faltos de capacitación pedagógica, infraestructura insuficiente; los alumnos pintan un panorama desolador detrás de la fachada de “excelencia” que presume la universidad. Demandan hechos, no promesas, y “transparencia” en el manejo de recursos (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L94】. No es casualidad que exijan incluso que la coordinación de prácticas la dirija “alguien con formación docente y pedagógica”, insinuando que la actual coordinadora carecía de perfil (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L99】.
- Seguridad y condiciones dignas: En un eco de 2020, los estudiantes de Medicina también reclamaron por su seguridad durante las prácticas externas y el servicio social, especialmente quienes son enviados a comunidades. “Más plazas, menos excusas” y “Plazas de internado y servicio social dignas”, (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)L100】. La pandemia expuso a muchos pasantes a condiciones riesgosas sin respaldo adecuado; hoy piden no ser carne de cañón en hospitales saturados y zonas rojas.
- La gota que derramó el vaso: Al iniciar el semestre 2025, decenas de alumnos descubrieron que simplemente no tendrían internado donde ir. La “falta de espacios” detonó protestas inmediatas el 24 de febrero de 2025 (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)-L85】. Ese día, desde el mediodía, cientos de jóvenes bloquearon la 11 Sur y 31 Poniente (arterias frente a Medicina) exigiendo respuestas de la autoridad (Estudiantes de Medicina de la BUAP cumplen 24 horas de paro: logran destituir a director – Hipócrita Lector)L507】. Mantuvieron el bloqueo hasta pasadas las 8 pm, forzando a que representantes de Rectoría se apersonaran y escucharan su pliego petitorio (Estudiantes de Medicina de la BUAP cumplen 24 horas de paro: logran destituir a director – Hipócrita Lector)L509】.
- Exigencias claras y contundentes: Los manifestantes presentaron un pliego de demandas, entre las principales: más plazas para internados y prácticas clínicas, destitución del director y de la coordinadora de prácticas, mejoras en instalaciones y laboratorios, contratación de docentes preparados, y garantizar que ningún alumno se quede sin internado. *“¡Fuera Martha Elba!” y “Queremos hechos, no promesas”, clamaban (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)L100】. La rabia acumulada por años de oídos sordos estalló en consignas creativas y punzantes:
- 🗣️ “Nosotros ponemos el esfuerzo, ustedes pongan las plazas”.🗣️ “Tenemos vocación, nos falta infraestructura”.🗣️ “La salud no espera: nuestras prácticas tampoco”.
- Respuesta inmediata (y tardía) de la institución: Acorraladas por la magnitud de la protesta (y temiendo un nuevo 2020), las autoridades universitarias finalmente cedieron en la demanda más simbólica: la destitución del director Luis G. Vázquez de Lara. Tras 24 horas de paro, el Consejo de Unidad Académica de Medicina informó el 25 de febrero que el director presentó su renuncia y nombró a una encargada de despacho (Estudiantes de Medicina de la BUAP cumplen 24 horas de paro: logran destituir a director – Hipócrita Lector) (Estudiantes de Medicina de la BUAP cumplen 24 horas de paro: logran destituir a director – Hipócrita Lector)09-L517】. Los estudiantes habían logrado en un día lo que no se consiguió en años de súplicas silenciosas: remover a la cabeza de la facultad. Además, se anunció la sustitución de la coordinadora de prácticas clínicas, otra pieza fuertemente cuestionada (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario) (PeriodismoHoy)L79-L84】.
- ¿Fin del conflicto? Aún no. Aunque celebraron estas destituciones como victoria inicial, los alumnos mantuvieron el paro: “no nos moveremos hasta ver soluciones de fondo”. Desconfían (con razón) de los mejoralitos administrativos. Por eso, aun con nueva directora interina nombrada, la facultad sigue tomada y las clases suspendidas al momento de redactar esto (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario) (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario)00-L204】. Los estudiantes exigen participar en la elección del nuevo director definitivo, no quieren otro impuesto a puerta cerrada (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario) (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario)83-L185】. También demandan garantías firmes de que obtendrán las plazas de internado y servicio social necesarias ya, no en promesas (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario)25-L232】. Su desconfianza se sustenta en la experiencia: saben que sin presión, la estructura tiende a encubrir el problema y dilatar soluciones.
En resumen, el diagnóstico es claro y brutal: la Facultad de Medicina de la BUAP sufre una crisis sistémica donde las cifras (700 vs 400 plazas) chocan con la realidad de pasillos llenos de estudiantes sin prácticas; donde documentos y declaraciones muestran que la negligencia administrativa llevó al colapso; y donde la voz estudiantil, armada de datos y coraje, desenmascara el contraste entre la retórica institucional y la realidad. El siguiente paso lógico es preguntar: ¿qué dice el discurso oficial ante todo esto y cómo se sostiene? Aquí es donde pasamos del diagnóstico a la desmontaje de la narrativa oficial, porque las altas esferas de la BUAP tienen otra versión de los hechos. 🤨
📰 Desmontando la narrativa oficial: manipulación mediática y estructuras de poder al desnudo
Frente al alud de evidencias de la crisis, la narrativa oficial de la BUAP ha optado por manuales viejos: minimizar el problema, culpar a terceros y presumir logros ajenos al tema. Veamos punto por punto cómo el discurso institucional contrasta con la realidad:
1. “No nos vamos a doblar” ante supuestos agitadores externos.
Lejos de reconocer de inmediato las fallas internas, la rectora de la BUAP, Lilia Cedillo Ramírez, salió a deslegitimar el movimiento estudiantil, insinuando que este obedece a “intereses ajenos”. En la sesión del Consejo Universitario del 25 de febrero, Cedillo declaró que “hay algunas manos detrás de la movilización de estudiantes de Medicina”, sugiriendo que “se tocaron intereses económicos” de grupo (PeriodismoHoy)5†L37-L45】. Remató con una frase que cayó como balde de agua fría: *“A esas manos, yo creo que debería darles vergüenza decir que son universitarios» (PeriodismoHoy)5†L49-L57】. 😳 Así tal cual: la máxima autoridad de la universidad tachó de indignos (y prácticamente de infiltrados) a quienes estarían instigando la protesta. Y para dejar clara su postura de fuerza, advirtió: *“no nos vamos a doblar» (PeriodismoHoy)35†L41-L45】. Es decir, enmarcó las protestas como un intento de desestabilizar a la institución al que ella no piensa ceder.
Esta retórica de la “mano negra” nos suena terriblemente familiar. La historia se repite: en 1929, el presidente Emilio Portes Gil acusó a los líderes estudiantiles de ser ajenos a la universidad, una “mano negra” con fines políticos, justo antes de ceder a l ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )39†L33-L41】. En 1968, el gobierno de Díaz Ordaz calificó el movimiento estudiantil de estar dirigido por la “mano negra del comunismo internacional”, tildando la protesta de complot para desestabilizar ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )39†L43-L50】. Durante la huelga de la UNAM en 1986-87, el rector Carpizo señaló a grupos de izquierda como manipuladores externos –otra vez la mano negra– para desacreditar al Consejo Estudiantil Un ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )39†L52-L60】. Y en la histórica huelga de 1999 en la UNAM, volvieron a hablar de “agitadores profesionales” y “fuerzas externas inconfesables” detrás de los hechos ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )39†L55-L63】. Siempre la misma cantaleta: autoridades reacias al cambio acusando intereses políticos ajenos en lugar de escuchar a su comunidad. Como bien resumió un analista, *“La historia se repite. Una vez más se acusa a un movimiento estudiantil de estar sujeto al control de actores externos… Como en otras ocasiones se intentó desacreditar a todo el movimiento aduciendo la presencia de intereses políticos ajenos a la Universidad ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM ) ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )39†L55-L63】. En Puebla 2025, esa historia se está repitiendo casi calcada. Las “manos detrás” que invoca Cedillo son el nuevo nombre de la vieja “mano negra” de antaño. Un discurso convenientemente útil para desviar la atención de lo esencial: las demandas legítimas de los estudiantes.
La ironía es feroz: mientras la rectora habla de “quienes mueven la cuna” tras bambalinas, los estudiantes han expuesto quiénes realmente movieron la cuna del desastre: la propia administración con su ineptitud. La acusación de Cedillo de “intereses económicos tocados” sugiere que las protestas se deben a que la universidad “ha hecho algo bueno que incomodó a alguien”. ¿Qué sería eso bueno? Según ella, la gestión transparente de recursos. En efecto, destacó con orgullo que la BUAP es una de las dos universidades públicas del país sin observaciones de la Auditoría Superior de la Federación (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)†L107-L115】. Bravo, cuentas claras. Pero, ¿y las cuentas pendientes con los alumnos? Sacar pecho de tener finanzas sanas mientras 700 alumnos no tienen donde practicar medicina suena a chiste de mal gusto. Es como si un hospital se ufanara de tener sus libros contables impecables, mientras los pacientes se mueren en la sala de espera. Cedillo presume que la BUAP invierte “más de 10 millones de pesos anuales” para garantizar internados en hospitales de Puebla, Tehuacán (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)†L139-L147】 y que “ninguna plaza ha quedado sin asignar” (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)†L141-L149】. 📢 ¡Noticias de último minuto, Rectora!: Su propio estudiantado evidencia que sí hay plazas sin asignar y alumnos rezagados. Las palabras optimistas desde la cúpula contrastan con la realidad en las aulas vacías. “Hay manos detrás”, insisten; pues claro que las hay: las manos de cientos de estudiantes sosteniendo pancartas y señalando a los verdaderos culpables.
2. Culpar a otros (la Secretaría de Salud, la pandemia, el clima… lo que sea).
Otra línea de la narrativa oficial es diluir la responsabilidad. La rectora admite que hay problemas, pero dice: *“hay situaciones que no está en sus manos (PeriodismoHoy). ¿A qué se refiere? A que la falta de plazas de servicio social, internado y prácticas clínicas *“compete a la Secretaría de Sal (PeriodismoHoy). Es verdad que la asignación de internados de pregrado y plazas en hospitales públicos involucra a la Secretaría de Salud. Pero esto no absuelve a la universidad. Si desde 2020 se sabía de la reducción de cupos en hospitales (muchos cerraron puertas a practicantes por la pandemia), la BUAP debió haber actuado: negociando más espacios a tiempo, ajustando temporalmente la admisión de estudiantes, o buscando convenios con hospitales privados (que también escasean). En lugar de eso, pareciera que la administración se cruzó de brazos, esperando a que “otros” resolvieran. Cedillo ahora dice que *“está gestionando con el gobernador que se abran (PeriodismoHoy). Eso suena a medida reactiva y tardía: sólo cuando el conflicto estalló públicamente se apresura a tocar puertas en el gobierno estatal. ¿Dónde estuvieron esas gestiones en 2021, 2022, 2023? Los estudiantes señalan que llevan años avisando del problema (PeriodismoHoy). La pandemia fue el pretexto perfecto para dejar el asunto en el cajón. Hoy culpar a la Secretaría de Salud es medio cierto, medio falaz: sí, la Secretaría maneja las plazas, pero la BUAP no debió aceptar año tras año a 700 alumnos sabiendo que solo habría 400 lugares. Hacerlo sin plan B es negligencia institucional.
Además, la universidad podría haber transparenciado la crisis ante la opinión pública y presionado conjuntamente con otras universidades al sector salud. No lo hizo; optó por la vía del silencio y la invisibilización, hasta que sus propios alumnos reventaron la burbuja. Ahora, en entrevistas, algunos voceros oficiosos insinúan que “todo se hubiera resuelto con paciencia” y que el movimiento es exagerado. La realidad: si los estudiantes no paran, nada cambia. La narrativa oficial minimiza el daño diciendo que ningún alumno se quedará sin internado a largo plazo. Pero ¿a qué costo? Muchos tuvieron que posponer un año su egreso, otros peregrinar a encontrar cupo fuera del estado. Es fácil decir “no quedaron sin asignar” contando hasta el último rincón conseguido a última hora; pero ese consuelo estadístico ignora el calvario y retraso académico real que sufrieron cientos.
3. La manipulación mediática y el encubrimiento.
La BUAP cuenta con aparatos mediáticos propios y afines que han buscado encuadrar el conflicto de cierta forma. Comunicados oficiales enfatizan que ya hay “mesa de diálogo” y que se *“acordarán acciones para resolver las demandas (Mesa de diálogo entre BUAP y estudiantes de Medicina acordará acciones para resolver demandas académicas – Cinco Radio) (Mesa de diálogo entre BUAP y estudiantes de Medicina acordará acciones para resolver demandas académicas – Cinco Radio)7†L121-L129】, intentando dar imagen de gobernabilidad. Se difunde que se instaló una mesa de trabajo el 26 de febrero con estudiantes representantes, y se agradece a la comunidad su prticipación(Mesa de diálogo entre BUAP y estudiantes de Medicina acordará acciones para resolver demandas académicas – Cinco Radio)7†L109-L117】. Todo muy institucional y optimista. ¿Qué no dicen? Que esa mesa surgió después de dos días de caos, y que los estudiantes permanecen en paro porque no confían en acuerdos de papel mojado. Otro ejemplo: titulares en ciertos medios destacan “Medicina de la BUAP, orgullo del país: rector” o “BUAP mantiene finanzas sólidas”, metiendo notas positivas en la misma conversación (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)0†L107-L115】. Se trata de control de daños mediático: hablar de cualquier cosa (dinero, infraestructura, premios) menos de la crisis académica.
Más grave aún es cómo se ha intentado polarizar la opinión contra los paristas. En redes sociales vinculadas a grupos de poder universitario se sugiere que los estudiantes en paro “perjudican a sus propios compañeros” o que “hay intereses políticos detrás buscando desprestigiar a la administración”. Es el viejo juego de voltear alumnos contra alumnos y apelar al miedo: “si protestas, desestabilizas a tu escuela”. Sin embargo, esta vez la maniobra ha calado poco. La mayoría de la comunidad estudiantil de la BUAP parece simpatizar con las demandas, aunque no todos participen activamente. Facultades como Derecho, Psicología, Arquitectura han expresado su apoyo moral en comunicados y redes, recordando la solidaridad vista en 2020. Los intentos de aislarlos mediáticamente chocan con la realidad de que cualquier estudiante puede imaginarse en su lugar: todos sufren burocracia, carencias o decisiones cupulares cuestionables. La narrativa oficial simplemente no cuadra con la experiencia cotidiana del alumnado.
En síntesis, el discurso oficial ha preferido el camino de la negación y la teoría de la conspiración antes que asumir culpas. Es un guion rancio: primero, culpar a “manos extrañas” (hoy les dicen “manos negras (PeriodismoHoy), pero es el mismo fantasma de siempre); segundo, presentarse como víctimas de un intento de desestabilización (“debería darles verguenza» (PeriodismoHoy)); tercero, proclamar fortaleza institucional (“no nos vamos a doblar”); y cuarto, desviar el foco a aspectos positivos no relacionados (finanzas intachables, apoyos a otras facultades (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)0†L129-L137】). Afortunadamente, la comunidad estudiantil y sectores críticos de la sociedad no han comprado esta versión. La manipulación mediática tiene un límite cuando la realidad golpea: es difícil convencer de que “todo está bien” cuando literalmente cientos de familias ven a sus hijos médicos sin poder hacer su internado o marchando en las calles por sus derechos.
Al desmontar la narrativa oficial, queda en evidencia una cosa: el problema no es un invento, ni una intriga política, ni un caso aislado. El problema es estructural. Y es ahí adonde debemos dirigir la mirada para entender la raíz de esta crisis que va más allá de Puebla.
🏛️ La raíz estructural del problema: capitalismo académico, corrupción y negligencia institucional
Llegamos al fondo del asunto: ¿por qué se repiten estas crisis en la universidad pública? ¿Qué hay debajo de la superficie de estas protestas cíclicas en la BUAP y otras universidades en México? La respuesta corta: un sistema educativo superior capturado por lógicas de poder y dinero, donde las necesidades estudiantiles reales quedan relegadas. La respuesta larga, a continuación:
Capitalismo académico y educación mercantilizada: En las últimas décadas, las universidades públicas mexicanas han adoptado prácticas propias de una empresa. Se privilegian métricas cuantitativas (matrícula, egresados, ingresos autofinanciados) por encima de la calidad educativa y las condiciones humanas. La BUAP no es la excepción: su matrícula se ha expandido enormemente (700 alumnos por cohorte en Medicina, cifra altísima) sin expandir a la par la infraestructura formativa. ¿Por qué aceptar tantos alumnos? Porque más alumnos significan más subsidio y más prestigio político –cada rector quiere presumir “mi universidad creció”. Este “crecimiento” desordenado es típico del capitalismo académico: se gestionan las universidades con mentalidad de crecimiento infinito, asumiendo que los recursos externos cubrirán el hueco. Pero aquí no estamos produciendo widgets, estamos formando médicos. Cuando la administración actúa como fábrica de títulos, suceden aberraciones como esta: sobrecupo de estudiantes y outsourcing de su formación práctica a hospitales de salud pública atestados. El resultado: estudiantes tratados como números, educandos convertidos en clientes cautivos a quienes se les cobra (en tiempo, en estrés, en años de vida) la incapacidad de la institución de proveerles lo necesario. Es pertinente recordar que *77% de las universidades públicas estatales en México muestran irregularidades en el uso de recursos (77% de las universidades públicas estatales muestran irregularidades en el uso de recursos públicos) según la ASF, lo que afecta directamente la calidad educativa de 1.7 millones de alumnos (77% de las universidades públicas estatales muestran irregularidades en el uso de recursos públicos)s. En este modelo, la educación se subordina a intereses financieros y políticos: se inauguran edificios para la foto, pero no se invierte en plazas de internado porque esa parte “no luce”; se compra tecnología para simular modernidad, pero se descuida lo básico –como convenios para que los chicos practiquen. Este capitalismo académico también se ve en la tendencia a priorizar posgrados e investigación que generen ingresos (patentes, convenios con empresas) mientras se descuida la docencia de licenciatura, que es vista casi como un estorbo obligatorio. Los estudiantes de Medicina de la BUAP son víctimas de este esquema: una facultad que busca “acreditaciones internacionales (Licenciaturas – Facultad de Medicina – BUAP)” y presume excelencia, pero que no garantiza algo tan elemental como el internado médico para todos.
Corrupción académica y cacicazgos universitarios: Junto al factor mercantil, está el factor político interno. Muchas universidades públicas funcionan como feudos controlados por grupos de poder: camarillas de directivos, sindicatos, ex rectores, etc., que anteponen sus intereses a la misión educativa. La BUAP tuvo durante años un grupo hegemónico liderado por el exrector Alfonso Esparza (2013-2021), cuyos allegados ocupaban puestos clave. El ahora exdirector de Medicina, Luis G. Vázquez, bien podría ser parte de esa herencia (ya era director desde 2021). Las protestas estudiantiles suelen toparse con estos muros: directivos que no se mueven a menos que la gobernanza universitaria en su conjunto se lo ordene, porque están protegidos por pactos políticos. La corrupción en la universidad no siempre es malversación de dinero (que también la hay en muchas instituciones, véanse casos de desvíos millonarios en universidades de Morelos, Tabasco, Hidalgo, etc. que han usado para robar, defraudar y asociarse para la delincuencia. (Las universidades mexicanas siguen esquemas de corrupción) (La corrupción alcanza a universidades públicas – El Sol de Zacatecas)】). A veces es corrupción académica: nepotismo, falta de transparencia en nombramientos, cero rendición de cuentas en la gestión académica. ¿Quién evaluó el desempeño del director de Medicina estos años? Al parecer nadie seriamente, hasta que los estudiantes lo reprobaron públicamente. Se toleró la mala planificación, se ocultaron los problemas. Es la omertà universitaria: “no hagas ruido, no exhibas la casa, no vayas a darle armas al enemigo (léase gobierno o prensa)”. Así, los problemas crecen como bola de nieve. Sólo cuando explotó, las autoridades centrales actuaron destituyendo al director (PeriodismoHoy). Curiosamente, la rectora Cedillo es del mismo grupo interno que Esparza (fue directora de Instituto en su gestión); algunos analistas locales sugieren que en el fondo este conflicto de Medicina fue aprovechado para quitar a un funcionario heredado y colocar gente afín (la nueva encargada de despacho es Claudia Cedillo –apellido coincidente, aunque no pariente, pero seguramente de confianza (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario) (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario)). Los estudiantes piden votar o al menos opinar en la elección del nuevo director, sabiendo que si ellos no presionan, la sucesión será otra negociación entre grupos de poder. La dominación vertical en la universidad es parte estructural del problema: estudiantes y profesores de base tienen poca injerencia en decisiones; todo se cocina en consejos controlados por directivos. Cambiar esto requiere democratización real en la toma de decisiones, algo que las autoridades difícilmente ceden voluntariamente.
Además, la corrupción mata la meritocracia: El hecho de que una persona sin experiencia clínica suficiente estuviera diseñando el plan de estudios (como denuncian (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla)s) indica amiguismo o negligencia en nombramientos. ¿Por qué ocuparía ese cargo alguien así? Posiblemente, por ser cercana a cierto grupo o porque a nadie le importó evaluar su idoneidad. Esta falta de profesionalismo en puestos clave es una forma de corrupción silenciosa que merma la calidad académica. Y cuando los alumnos detectan la incompetencia, el sistema raramente les permite removerla… a menos que hagan protestas enormes. Es muy revelador que parte de las consignas era “Exigimos alguien con formación docente y pedagógica… como (Falta de espacios para prácticas profesionales detona protestas en Medicina de la BUAP | Contrastes de Puebla), señalando que quien estaba al frente no cumplía esos atributos. Las universidades públicas en México acumulan muchos casos así: familiares de líderes, amigos o recomendados en plazas importantes, que luego generan caos. Sin controles internos eficaces, la podredumbre administrativa prospera hasta que colapsa un servicio (en este caso, las prácticas clínicas).
Negligencia institucional y simulación: Por último, la raíz estructural es una cultura institucional que prefiere simular antes que solucionar. Esto se vio clarito en Medicina BUAP: en lugar de declarar abiertamente “tenemos un problema de falta de internados, necesitamos apoyo”, las autoridades optaron por hacer como que todo marchaba. Año con año, presentaban informes de labores probablemente hablando de “logros”: remodelaron un edificio aquí, compraron simuladores de paciente allá, inauguraron el Centro de Simulación “Dra. Matilde Montoya” con bombo y platillo (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)10†L137-L146】. ¿Y de qué sirvió todo eso si los alumnos no tienen hospitales donde aplicar lo aprendido? Es la política del escaparate: inversión en lo visible, abandono de lo indispensable. La rectora presumió *remodelación de edificios, nuevos laboratorios, elevadores, simuladores, etc (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)10†L137-L145】, lo cual está bien, pero no ataca el núcleo del problema. Es más, resulta insultante que diga que Medicina es “la facultad que más apoyo ha recibido en los últimos años (“No nos vamos a doblar”: Lilia Cedillo enfrenta protestas en Medicina, mientras BUAP mantiene finanzas sólidas – Cinco Radio)10†L137-L142】, cuando ese “apoyo” no se tradujo en evitar el rezago de estudiantes sin internado. ¿Apoyo a quién? Quizá al contratista que hizo la obra o a la estadística de inversiones, pero no al estudiante concreto que hoy sigue sin práctica clínica.
La negligencia también se refleja en la falta de planificación interinstitucional. Si la Secretaría de Salud recortó plazas (por pandemia u otros motivos), la universidad debió entrar en acción con soluciones creativas: convenios con más hospitales privados, rotaciones en clínicas del IMSS Bienestar, incluso habilitar su propio Hospital Universitario para absorber internos adicionales. No se hizo nada significativo de eso en tiempo útil. Las autoridades fallaron en su deber de proteger el proceso formativo de sus alumnos. Y cuando vino la crisis, su primera reacción fue defender su imagen en vez de admitir la falla. Esto es una patología sistémica: primero la institución (el “prestigio”, la “imagen”), después (muy después) las personas reales.
En suma, la raíz estructural de la crisis de Medicina en la BUAP combina:
- 🏢 Un modelo universitario neoliberal que fomenta el crecimiento sin calidad, trata a los estudiantes como números y prioriza la captación de recursos sobre la formación (capitalismo académico en acción).
- 🤥 Estructuras de poder opacas y cacicazgos que perpetúan la corrupción académica: autoridades más preocupadas por mantener sus cuotas de control que por resolver problemas de fondo, con prácticas de nepotismo e incompetencia tolerada.
- 💤 Negligencia y burocracia que prefieren callar y aguantar esperando que los estudiantes “se acostumbren” o se cansen, en lugar de abordar honestamente las crisis latentes. La lógica de “patear el bote” para que reviente en la siguiente administración es parte del sistema.
Estos factores no son exclusivos de la BUAP. Muchas universidades en México sufren problemas similares: recordemos las protestas en la UNAM por falta de seguridad y acoso sexual, las de la Universidad de Oaxaca por imposiciones de rector, los escándalos de desfalcos en universidades de Chiapas, etc. La universidad pública mexicana en general padece el embate de la austeridad, la mala gestión y la politización. Lo que ocurre en Puebla es un microcosmos de esa realidad nacional, pero con sus particularidades locales. Por eso, la solución no vendrá solo de cambiar un director o conseguir 100 plazas más; requiere transformaciones estructurales: replantear el modelo educativo, transparentar la gestión, democratizar la toma de decisiones y asegurar que la autonomía universitaria sirva para la excelencia académica, no para encubrir vicios.
La buena noticia es que cada vez que la estructura falla, emergen estudiantes valientes dispuestos a dar la batalla. Son herederos de aquellos que en 1961, 1968, 1973, 1987 o 2020 levantaron la voz. Esta crisis de la BUAP es dolorosa, pero también es una oportunidad histórica para sacudir conciencias y avanzar hacia cambios de largo plazo. Depende de todos que no se quede en un mero temblor pasajero, sino que sea parte de un movimiento sísmico mayor en la educación superior.
📢 Conclusión y llamado a la acción: la lucha estudiantil sigue… ¿y ahora qué?
La tormenta en la Facultad de Medicina de la BUAP es mucho más que una disputa local: es un grito de auxilio del sistema educativo mexicano. Resume en un caso las fallas de décadas: autoridades sordas hasta ser acorraladas, estudiantes obligados a radicalizarse para ser escuchados, medios intentando controlar la narrativa, y al final la misma lección de siempre –la movilización estudiantil organizada es el único antídoto contra la indiferencia del poder. Esta crisis actual, vinculada con la gran manifestación de 2020 y con las luchas históricas universitarias, nos deja varias conclusiones claras y un reto hacia el futuro.
En primer lugar, los estudiantes han demostrado un nivel admirable de organización y rigor en sus demandas. Combinan testimonios con datos (documentando **700 afectados, 300 sin plaza (¿Por qué se manifiestan alumnos de medicina de la BUAP? Esto sabemos) (PeriodismoHoy)L127】). Han hecho la tarea que le correspondía a la autoridad: diagnosticar el problema y plantear soluciones concretas. Esto derrumba el estereotipo del joven apático o del que protesta sin saber. Por el contrario, exhibieron un pensamiento crítico digno de futuros médicos y científicos sociales a la vez. La sociedad debe reconocer y respaldar esta madurez cívica. Lejos de condenarlos por “alterar el orden”, hay que aplaudir que defiendan la calidad de la educación y la dignidad de la universidad pública.
En segundo lugar, la relación entre hechos actuales y movilizaciones pasadas nos enseña algo potente: la memoria histórica es combustible para el cambio. Los estudiantes de 2025 aprendieron de 2020 que la unidad hace la fuerza. Aquella vez consiguieron logros en seguridad; hoy logran cambios en su facultad. Y van más allá: exigen no solo soluciones inmediatas sino tocar el modelo estructural (quieren voz en la elección de autoridades, transparencia en el manejo de plazas, etc.). Están, quizá sin saberlo, empujando por una segunda reforma universitaria en Puebla, similar a la que sus abuelos ideológicos hicieron en los 70. La historia nunca está muerta en la universidad; cada generación la reactualiza. Como dijo Imanol Ordorika, “la historia se repite” y los motivos también ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM ). Pero si se repite lo suficiente, finalmente algo cambia de forma permanente. Esa es la apuesta: que este ciclo de protestas no caiga en saco roto.
¿Qué deben hacer los estudiantes ahora? Mantener el paso firme y la inteligencia colectiva. 👥 No dejarse dividir por rumores de “mano negra” ni promesas vacías. Deben insistir en participar en las decisiones que les afectan (como la designación del director interino y la solución del déficit de plazas). La experiencia nacional muestra que las autoridades ceden en formas cosméticas si el movimiento se desinfla, por eso es vital sostener la movilización hasta obtener compromisos verificables por escrito y con calendario. También diversificar las estrategias: además del paro, aprovechar foros, prensa independiente, redes sociales (ej. difundir los #BUAPLeaks que mencionó la rectora con (PeriodismoHoy) sorna, para transparentar lo que ocurre en las negociaciones). Informar a la opinión pública es clave: que todos sepan que esto no se trata de “flojos queriendo no hacer prácticas” (como algún detractor sugiere) sino de estudiantes de Medicina luchando por una educación de calidad para poder servir mejor a la sociedad. Esa narrativa gana apoyos. Asimismo, es crucial que los estudiantes formen alianzas con otras facultades y universidades. Un movimiento aislado es más fácil de contener; uno amplio, federado con otras escuelas (como sucedió en parte en 2020) puede presionar a niveles más altos, incluso nacionales, para que el problema de plazas de internado se resuelva de forma sistémica con la Secretaría de Salud federal. Y un consejo táctico: seguir siendo impecables en su conducta de protesta –lo han hecho de forma pacífica y respetuosa (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario) (Autoridades de la BUAP destituyen al director de Medicina, pero estudiantes mantienen su movilización – Reto Diario)L218】, que nada desvíe la atención a incidentes menores. Que la indignación se exprese con organización, no con caos, así han ganado legitimidad.
¿Y qué debemos hacer como sociedad? No mirar a otro lado. 🤝 Apoyar esta causa porque nos incumbe a todos: de estas aulas salen los médicos que nos cuidarán mañana. Un sistema que los forme mal, apresurados o frustrados, nos afectará en carne propia. La sociedad poblana y mexicana debe exigir cuentas a las autoridades universitarias y gubernamentales. Es inaceptable que la educación pública, sostenida con impuestos de todos, se administre sin transparencia y con tantos vicios. Podemos, por ejemplo, pedir a nuestros representantes que se revisen los convenios entre universidades y sector salud para prácticas profesionales, que se destinen recursos de emergencia para ampliar plazas de internado médico. Los padres de familia, egresados, académicos, todos somos stakeholders de la universidad; nuestra voz de apoyo o crítica cuenta. No dejemos solos a los estudiantes. Compartamos sus historias, desmintamos las noticias tendenciosas, hagamos ruido en redes con las palabras clave correctas: #BUAP, #FacultadDeMedicina, #ProtestasEstudiantiles, #CrisisEducativa, #CorrupciónAcadémica… para que el SEO de la conciencia colectiva mantenga este tema en la cima de la agenda.
También es imperativo romper el cerco de la manipulación mediática. Si ves diarios locales o nacionales repitiendo el discurso oficial sin contrastar, escribe, comenta, pide equilibro. Apoyemos al periodismo independiente y a los reporteros que están cubriendo con rigor el conflicto (citamos aquí varios de sus trabajos y ha quedado claro quiénes informan con datos). La prensa libre y la documentación exhaustiva son aliadas de los movimientos sociales; consumámoslas y difundámoslas.
Finalmente, un llamado a la acción contundente: ¡No a la apatía! La apatía es lo que permitió que pasaran 30 años sin huelgas en la BUAP y que los problemas se pudrieran debajo. Los estudiantes de 2020 rompieron ese letargo; los de 2025 confirman que no van a volver a dormirse. Que nosotros tampoco lo hagamos. Cada estudiante que hoy alza la voz es un futuro profesional dispuesto a mejorar este país. Escuchémoslos, unámonos a ellos, exijamos junto con ellos. La educación pública es un derecho, y su calidad, una obligación del Estado y las universidades. No es negociable. Si hoy toleramos la mediocridad o la corrupción en una facultad de medicina, mañana podríamos lamentarlo en un quirófano. Así de seria es la cosa.
La crisis de la Facultad de Medicina de la BUAP es dolorosa, sí, pero también es esperanzadora: ha sacudido la modorra institucional y ha puesto en jaque a estructuras de dominación que parecían intocables. Es un paso más en la larga marcha por universidades verdaderamente al servicio del pueblo. Hagamos que cuente. La historia nos observa y, como decía un proverbio popular adaptado a estas circunstancias: “Nos quisieron enterrar, pero no sabían que éramos semilla.” 🌱 La semilla de la conciencia crítica ya germinó en Puebla. Ahora hay que regarla con solidaridad y acción.
Comparte esta información, discútela, y mantente del lado de la verdad. Solo así, con conocimiento y participación, lograremos que las autoridades rindan cuentas y que la universidad vuelva a su cauce: formar profesionales competentes en un ambiente digno. Es hora de que estudiantes, profesores y sociedad en general tomemos la palabra y la mantengamos. ✊ La movilización estudiantil sigue, y con ella, la esperanza de una educación superior mejor. ¡No bajemos la guardia!
“El que no lucha por algo, ya perdió la batalla.” Que esta batalla, librada con inteligencia y coraje, marque el comienzo de un cambio estructural. La BUAP y México lo necesitan (Paro en la BUAP 2020, ¿cuándo empezó esta historia? | MundoNuestro – Periodismo Narrativo 2025 ) (¿Por qué se manifiestan alumnos de medicina de la BUAP? Esto sabemos) (PeriodismoHoy) ( Publicaciones en línea SES UNAM – Seminario de Educación Superior de la UNAM )35†L49-L57】
Referencias
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Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). (2025, 26 de febrero). Declaraciones de la rectora Lilia Cedillo sobre la crisis en la Facultad de Medicina. Recuperado de: https://www.buap.mx/pronunciamientos
Diario Cambio. (2025, 24 de febrero). ¡Caos en la BUAP! Estudiantes de Medicina bloquean la 11 Sur en protesta por falta de plazas de internado. Diario Cambio. Recuperado de: https://www.diariocambio.com.mx/2025/buap-medicina
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Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). (2019). Movimientos estudiantiles en México: Historia y análisis crítico de su impacto. Dirección General de Publicaciones.