Hoy vengo a contarles de una criatura llamada “Metodologías Emergentes” que amenaza con revolucionar la manera de investigar y de tomar decisiones en la Gestión Pública y la Administración Social. Y no, no es un monstruo con tentáculos; en realidad, son nuevas formas de estudiar problemas sociales a partir de herramientas digitales —hablamos de Big Data, Inteligencia Artificial y hasta análisis sofisticados de las redes de chisme vecinal— con el objetivo de ser más ágiles, más precisos y (¡cómo no!) más transparentes.
Pero antes de que se espanten, déjenme platicarles los detalles de manera, digamos, digerible y sin rebuscamientos.
Además, les voy a citar algunas referencias bien elegantes en formato APA, para que nadie diga que nos faltó el rigor académico.
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1. Metodologías Emergentes: una breve definición con sabor digital
Denominamos Metodologías Emergentes a todas esas formas de investigación que, según Kankanhalli, Charalabidis y Mellouli (2019), surgen en respuesta a los retos modernos: alta demanda de transparencia, participación ciudadana activa y un mundo abarrotado de datos (no todos de calidad, eso sí). Estas metodologías combinan enfoques tradicionales (cuantitativos y cualitativos) con herramientas digitales que, hace diez años, ni soñábamos usar en los asuntos del gobierno.
Ejemplo: la ciudad de Barcelona desarrolló un sistema de gestión inteligente que, cruzando datos de movilidad y redes sociales, logra planificar mejor los servicios públicos (Kankanhalli et al., 2019). Imaginen algo parecido en su colonia, donde en lugar de que el camión de la basura pase cuando quiere, lo haga justo en el día más conveniente según el volumen real de residuos.
¿Por qué le importan tanto a la Gestión Pública y la Administración Social?
1. Rapidez en la toma de decisiones
Con la irrupción de las tecnologías de la información, gobiernos de distintas latitudes pueden procesar en minutos lo que antes tomaba meses (Mergel, 2019). Piensen en un sistema que, en tiempo real, detecta dónde se acumulan más baches o qué zonas requieren mayor vigilancia.
2. Mayor precisión mezclando datos de encuestas, redes sociales y hasta sensores de tráfico, estas metodologías emergentes permiten diagnósticos más certeros (Bryson, Crosby, & Bloomberg, 2014). Y ya saben lo que dicen: “Más vale un terabyte de datos que mil supuestos al aire”.
3. Fomento de la transparencia y la participación.
En la Ciudad de Los Ángeles, por ejemplo, se usan plataformas de datos abiertos para que los ciudadanos reporten incidentes y participen activamente en la toma de decisiones (Department of Transportation, 2022). Esta interacción refuerza la rendición de cuentas y la confianza en las instituciones.
4. Ética y responsabilidad
Por supuesto, si vamos a recabar datos de redes sociales o información personal, hay que hacerlo con la seriedad de un cirujano (Kankanhalli et al., 2019). Si no, ¿cómo confiamos en que no usarán nuestra vida digital para fines oscuros?
3. Ejemplos recientes que tienen su encanto
Analítica de Datos (Big Data):
Gobernos como el de Corea del Sur usan Big Data para rastrear la propagación de enfermedades y tomar acciones inmediatas (Mergel, 2019). Es básicamente eso de “más vale prevenir que lamentar”, pero con una gran base de datos de por medio.
Investigación Acción Participativa (IAP):
En México, hay proyectos comunitarios donde los propios vecinos investigan, plantean y aplican soluciones a problemas de seguridad o salud, con el acompañamiento de universidades (Zárate, 2020). Aquí, Doña Lupita no solo pone el café, sino que también aporta ideas de primera mano para mejorar su colonia.
Métodos Mixtos Avanzados:
Combinar encuestas tradicionales con análisis en Twitter o en foros públicos ya no es descabellado (Mergel, 2019). De esta forma, se logra un panorama más integrador: lo que la gente dice cara a cara vs. lo que la gente publica tras un teclado y pantalla.
Análisis de Redes:
¿Les suena conocer dónde se atrasa la cadena de mando en una dependencia pública? Con el análisis de redes (Bryson et al., 2014), se identifican nodos críticos y se optimizan las interacciones entre organizaciones gubernamentales, ONGs y ciudadanía.
4. Cómo realizar una Revisión Bibliográfica al estilo “no te me hagas bolas”
1. Explora bases de datos académicas:
Busca en Scopus, Web of Science o Google Scholar (Mergel, 2019). Olvídate de un Googleazo con dos o tres palabras, se trata de filtrar lo más relevante.
2. Elige palabras clave estratégicas:
Usa términos como “metodologías emergentes”, “administración pública” o “innovación gubernamental”. De nada sirve buscar “cómo gobernar mejor” sin algo más específico.
3. Selecciona los artículos con más citas (o más recientes):
Entre más citado esté un artículo, más confiable suele ser su aporte (Bryson et al., 2014). Y ojo con las fechas: si es muy antiguo, podría estar desactualizado.
4. Organiza la información:
Herramientas como Zotero o Mendeley evitan que uno acabe con treinta archivos llamados “versión final 2 de verdad ahora sí.pdf”.
5. Analiza tendencias:
Fíjate si están hablando de Big Data, de participación ciudadana o de ética. Eso revela en qué áreas se centran las investigaciones (Kankanhalli et al., 2019).
5. Desafíos: nada es miel sobre hojuelas
Disponibilidad de datos:
¿Quién no se ha topado con la clásica pared burocrática al solicitar bases oficiales? A veces, conseguir datos es más difícil que encontrar estacionamiento gratis en zona céntrica.
Capacitación y recursos:
No todos los funcionarios dominan estos métodos o tienen la infraestructura para aplicarlos (Mergel, 2019). También se requiere lana y voluntad política, que no siempre está tan dispuesta.
Consideraciones éticas:
No se trata de hurgar en la vida de la gente por mero morbo. Las metodologías emergentes deben regirse por principios sólidos de privacidad y consentimiento informado (Kankanhalli et al., 2019).
6. Conclusión: la apuesta por la innovación
En resumidas cuentas, estas Metodologías Emergentes son la respuesta más sabrosa y lógica a los nuevos problemas de la Gestión Pública y la Administración Social. Tal y como lo demuestran las experiencias recientes (Bryson et al., 2014; Mergel, 2019), su implementación se traduce en mayor eficacia, más transparencia y, sobre todo, en la posibilidad de involucrar a la ciudadanía en procesos que antes parecían terreno exclusivo de unos cuantos iluminados.
Si les picó el gusanito de la curiosidad, no duden en prepararse para mi próxima conferencia en marzo en el seminario de Investigación “Metodologías Emergentes en la Gestión
Pública y la Administración Social” de la Facultad de Administración de la BUAP del 18 al 21 de Marzo de 2025 Platicaremos, con cafecito de por medio, sobre casos aún más concretos y, quién sabe, hasta se nos ocurra una metodología emergente que revolucione nuestra querida comunidad (aunque sea para que no falten las tortillas en la esquina).
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Referencias
Bryson, J. M., Crosby, B. C., & Bloomberg, L. (2014). Public value and public administration. Georgetown University Press.
Department of Transportation. (2022). Vision Zero Los Angeles. https://ladot.lacity.org/vision-zero
Kankanhalli, A., Charalabidis, Y., & Mellouli, S. (2019). IoT and AI for smart government: A research agenda. Government Information Quarterly, 36(2), 304–309.
Mergel, I. (2019). Digital service teams in government. Government Information Quarterly, 36(4), 101389.
Zárate, R. (2020). Participación comunitaria y metodologías emergentes en el ámbito local. Revista Mexicana de Sociología, 82(4), 1025–1044.